Vivir sano  >  Psicología  >  ¿Por qué el trabajo me produce estrés?

 
Vista Rápida
  ¿Qué es el estrés?
  ¿Nos afecta a todos por igual?
  ¿Qué es lo que causa el estrés?
  ¿Qué nos protege del estrés?
 
 

¿Qué es el estrés?

Hoy en día el estrés reviste una gran importancia porque afecta a un gran número de personas y tiene numerosas implicaciones en la salud de quienes lo padecen. La atención de los expertos se centra en el estrés laboral a mediados de la década de 1970, entre otras cosas porque disminuye nuestro rendimiento y motivación y puede ser el origen de accidentes de trabajo.

Dado que el estrés no es algo que podamos evitar totalmente, la mejor manera de hacerle frente es saber en qué consiste, reconocerlo cuando nos esté afectando e identificar que es lo que produce ese estrés, para así eliminarlo o paliar sus efectos.

Lo primero que debe quedar claro sobre el estrés es que no tiene porqué ser perjudicial. Es necesario en cierto grado para desenvolvernos en el medio en que vivimos. Él es el responsable de que en un examen, por ejemplo, nos concentremos más y por lo tanto tengamos un buen rendimiento, o de que cuando detectamos una situación de peligro reaccionemos de forma adecuada para evitarla. Pero…¿qué implica?

De las numerosas teorías que existen para explicar el estrés, hemos escogido la que a nuestro juicio es la más fácil de entender. Ante una situación que nos produce estrés, nuestro organismo sufre múltiples reacciones. A través de nuestros sentidos detectamos la situación. Esta información llega al cerebro donde es calificada como perjudicial o peligrosa para nosotros. Nuestro organismo procede entonces a prepararnos, para una situación de defensa y rápida capacidad de respuesta. Para ello, se libera adrenalina, sustancia que eleva la presión arterial y el número de latidos por minuto de nuestro corazón. Así llega más cantidad de glucosa a la sangre y nuestro cuerpo dispone de más energía para responder. ¿Pero esta situación se puede mantener mucho tiempo? No, nuestra energía es limitada. Por ello, mantener en el tiempo este estado de alerta sólo nos produce desgaste. El organismo intenta contrarrestar estas alteraciones y, en función de la resistencia de la persona y del tiempo transcurrido, empezará una etapa de agotamiento en la que aparecen las consecuencias negativas del estrés: úlceras, problemas cardíacos, alergias, dolores de cabeza

En la mayoría de los trabajos no solemos enfrentarnos a peligros físicos, por lo que el origen de nuestras tensiones se debe más a las interacciones con nuestros compañeros, superiores o subordinados, o surgen de la propia tarea a realizar o del papel que desempeñamos dentro de la organización.

Otro aspecto que se debe conocer sobre el estrés, es que puede afectar a cualquier persona dentro de una organización. Como analizaremos en este artículo, el director general de una empresa tiene, sin duda, muchas responsabilidades; pero no tiene por qué sufrir más estrés que un operario de la línea de montaje de su compañía.

En resumen, el estrés tiene un origen psíquico pero provoca reacciones en nuestro organismo que, si se mantienen, con el tiempo hacen que enfermemos.


¿Nos afecta a todos por igual?

No todos reaccionamos de la misma forma ante las situaciones o circunstancias que nos producen estrés. Por una parte las interpretaciones que la personas hacen de una misma situación son diferentes, al igual que las repuestas que dan son también distintas, pues cada persona tiene un bagaje de conocimientos, experiencias y habilidades propio y característico.


¿Qué es lo que causa el estrés?

Como veremos a lo largo de este apartado el estrés puede provenir de numerosas fuentes. Tantas, que vamos a analizar someramente las principales.

En primer lugar, la causa del estrés puede ser una condición física (ruido, falta de luz, frío, calor, viento, polución atmosférica, vibración y movimiento, trabajo por turnos). ¿Quién no ha sufrido en su puesto de trabajo, los efectos del chorro gélido de un aire acondicionado mal situado? ¿El ruido incesante de una obra cercana? ¿La máquina que se estropea en el momento más inoportuno?

Otra fuente de estrés es el exceso de trabajo, es decir, cuando tenemos más trabajo del que podemos llevar a cabo. Esta situación suele empeorar si existe presión; provocada, por ejemplo, por una fecha tope de entrega. Un cuadro que cada día cobra mayor relevancia e interés, es la fatiga laboral, cuya causa desencadenante es la acumulación de estrés por sobrecarga de trabajo. Conlleva tanto efectos físicos como psíquicos y suele afectar a los empleados más productivos para la empresa. Éstos suelen trabajar horas extraordinarias, quedándose en el trabajo hasta altas horas, a pesar de lo cual se llevan trabajo a casa para "sacar adelante el exceso de tareas" que tienen acumuladas. Uno de los primeros síntomas de la fatiga laboral es el descenso en el rendimiento a pesar de aumentar las horas de trabajo, todo ello producido por el agotamiento.

A veces, también se encarga al empleado un trabajo que está por encima de sus habilidades o conocimientos, lo que le crea una gran impotencia e inseguridad, como sucede en los casos en que para premiar a una persona se la promociona sin contar con ella. Que una persona sea un excelente mecánico, no tiene por qué implicar que sea un excelente jefe de taller, donde, aunque el sueldo sea mayor, las tareas y responsabilidades son muy diferentes. Quizá, ni el propio mecánico desee dicha promoción, por lo que si se le concede dicho ascenso puede que en vez de premiarle se le esté "castigando" y acabe abandonando la empresa.

La competitividad y el dinamismo necesario en el mundo empresarial moderno, nos han llevado a que lo normal en el ámbito de las organizaciones sea el cambio, anticiparse al cambio del cambio, y así sucesivamente. Sin embargo, a la mayoría de las personas les gusta desenvolverse en un entorno conocido y predecible. Se ha observado en numerosos estudios que cualquier cambio en el ambiente de trabajo, por pequeño que sea, suele producir incertidumbre y ésta conlleva miedo, tensión y, en definitiva, estrés. Además, estas sensaciones se producen aunque el cambio vaya a mejorar la situación del empleado. Un claro ejemplo, son las reticencias que mostramos ante un nuevo diseño de nuestro puesto de trabajo, aunque a medio y largo plazo suponga un beneficio para nuestra espalda, muñecas o cervicales. Por lo general, se tiende a intentar conservar la antigua situación, lo que además puede producir roces o enfrentamientos con los compañeros que intentan llevar a cabo las modificaciones.

En otras ocasiones la fuente de estrés proviene de que no conocemos con claridad el papel que tenemos que desempeñar en la empresa, lo que nuestros compañeros o jefes esperan de nosotros o cuales son nuestras responsabilidades.

También puede suceder que las tareas a desempeñar se contrapongan unas a otras (por ejemplo cuando se tienen dos jefes que encargan tareas contradictorias o que tienen diferentes expectativas); o vayan en contra de nuestras creencias o convicciones (como lo que sentiría un vendedor, que oferta un producto que sabe que se encuentra en malas condiciones).

Aunque pueda resultar sorprendente, no sólo los excesos producen estrés, sino también las carencias. Veamos algunos casos:

Cuando el puesto conlleva una responsabilidad insuficiente para las capacidades de la persona, como sucede si te cambian a un puesto con menos responsabilidades que las que venías asumiendo, o cuando se contrata a una persona con una cualificación muy superior a la necesaria para desempeñar determinada tarea.

Cuando no se da lugar a que el empleado participe en las decisiones que afectan directamente a su trabajo.

En los mandos medios ocurre, a veces, que no se recibe el apoyo suficiente por parte de la dirección o los compañeros de trabajo (la "soledad del directivo").

  • Cuando hay una falta de promoción.
  • Cuando existe falta de consideración: Hay estudios sobre la satisfacción laboral y el ambiente de trabajo en los que las secretarias reseñaban como una de las principales características a destacar en un jefe, que las saludara por las mañanas.
  • Cuando se carece de seguridad en el puesto de trabajo. Podemos encontrar ejemplos claros en los contratos temporales, en las épocas de fusión de empresas o remodelaciones de plantilla.

A todas estas fuentes de estrés pueden sumarse otras ajenas a la organización como son: problemas con la pareja, problemas de salud o fallecimiento de algún familiar, problemas económicos, crisis personales, las dificultades para compaginar la familia y el trabajo, etc.


¿Qué nos protege del estrés?

Ante tantas posibles causas de estrés y otras más, que nos hemos dejado en el tintero por no hacer demasiado prolija esta exposición, tenemos factores que nos salvaguardan de sus efectos nocivos:

  • Parece obvio que, las personas que desempeñan un trabajo que les gusta sufren menos estrés que aquellas que pasan la jornada realizando un trabajo que no les gusta. Este primer factor se llama satisfacción en el trabajo. En los estudios sobre satisfacción laboral parece que ésta aumenta con la edad, a partir de los seis o siete años de permanencia en la empresa y en las personas con un nivel de estudios superior que pueden demostrar sus habilidades y conocimientos en su tarea. También los empleados nuevos y los cargos ejecutivos superiores suelen tener un alto grado de satisfacción laboral.
  • Un mayor grado de autonomía y poder en la realización del trabajo también hace que el estrés nos afecte menos. Este es el caso de los ejecutivos de alto nivel quienes, a pesar de que están sometidos a más tensiones, sufren menos estrés porque su grado de autonomía y poder también es muy elevado. En comparación con ellos, los mandos medios sufren mucho más estrés porque están sujetos a más control y su nivel de autoridad es menor.
  • El apoyo de la familia proporciona otras satisfacciones y logros ajenas a las del trabajo, autoestima, aceptación y sentido de dignidad personal que contribuyen a paliar lo efectos nocivos del trabajo. En este mismo sentido actúa el apoyo de los compañeros, la cohesión del grupo de trabajo y mantener buenas relaciones con nuestro superior.
  • El estar en buena forma física nos protege de los efectos físicos perjudiciales del estrés.
  • Este es un ejemplo más de los beneficios del ejercicio físico practicado de forma regular.
  • Otro factor que nos beneficia es disponer de los conocimientos, capacidades y habilidades necesarios para desempeñar las tareas en las que consiste el trabajo. Por eso, ante la introducción de cambios, como disponer de un nuevo equipo informático, son tan importantes los procesos de formación




Fecha de publicación: Agosto 2000

Ana Martín Vázquez
Psicóloga Clínica

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