El azúcar, el sabor dulce por excelencia, se puede consumir en forma cristalizada como edulcorante en infusiones, como ingrediente de bebidas refrescantes (colas, limonadas), en los helados, vinos, licores, repostería, postres de leche (natillas, flan, yogur azucarado), confituras, mermeladas y en la preparación de platos culinarios poco frecuentes (carnes dulces).
Tanto el azúcar como la miel son fuentes de energía de fácil y rápida asimilación. La ingesta de azúcar proporciona un aporte rápido de glucosa al organismo, que es imprescindible para el trabajo celular. La ingesta de miel proporciona un elevado aporte de fructosa, que se convierte principalmente en glucógeno, proceso que no requiere de la acción de la insulina. Sin embargo, el alto contenido en glucosa de la miel, hace que esté contraindicada en diabéticos. Proporcionan un sabor inimitable que nos ayuda a consumir otros alimentos.
Al contrario de la creencia popular, no existe ninguna ventaja nutricional de la miel sobre el azúcar. Aunque la miel contiene vitaminas y minerales que no se encuentran en el azúcar, las cantidades son tan pequeñas que no tienen importancia en términos de las necesidades diarias. Haría falta tomar miel en exceso para obtener algún beneficio y los inconvenientes serían mayores que las ventajas.
La miel es un producto natural, de sabor muy diferente al del azúcar, que también sirve para endulzar. No obstante, tiene un uso más restringido y ligado a gustos particulares.