En primer lugar puede provocar uropatía obstructiva que no es otra cosa que la limitación e incluso obstrucción del flujo urinario, la que puede generar elevación de la presión de almacenamiento de orina en la vejiga y por lo tanto provocar un aumento de la presión necesaria para iniciar la micción, con la alteración consecuente de los músculos vesicales y, eventualmente causar retención urinaria. Además, se puede producir daño en los tractos superiores de aparato urinario, infecciones, litiasis, etc. En segundo lugar puede aparecer sintomatología obstructiva y/o irritativa. La uropatía obstructiva puede generar sintomatología que incluye el aumento de la frecuencia de micciones y orinando cantidades más pequeñas, mayor necesidad de micciones nocturnas, dificultad en iniciar la micción, dolor al orinar, goteo tras la micción, etc.