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Enfermedades

Artritis gotosa

Jueves, 20 de febrero de 2003.

marisco¿Qué es la gota?

La gota es una artritis aguda generalmente recidivante, que afecta a articulaciones periféricas y se produce como resultado del depósito de cristales derivados del ácido úrico, en las articulaciones, tendones y estructuras próximas. No todas las personas con hiperuricemia desarrollan gota, pero la probabilidad de desarrollarla es mayor cuanto más altos sean los niveles ácido úrico y mayor la duración de la hiperuricemia.

Es una enfermedad más frecuente en varones. En estos, los niveles de ácido úrico ascienden en la adolescencia, mientras que en las mujeres se mantienen bajos durante toda su etapa reproductiva y es raro que padezcan gota antes de la menopausia.

La edad habitual de aparición es alrededor de los 50 años, en los varones es posible la afectación a más temprana edad.

La gota se encuentra fuertemente asociada con otras situaciones patológicas como obesidad, hipertensión, hiperlipidemia o diabetes.

¿Por qué se produce?

La gota se produce por la existencia de un exceso de ácido úrico en el organismo. Este exceso puede ser debido a un aumento de la producción, a una ingesta excesiva de alimentos ricos en purinas que son metabolizadas a ácido úrico por el organismo, o a un defecto en la eliminación renal.

Son alimentos ricos en purinas, las vísceras, las alubias, las carnes rojas, o el marisco. Las bebidas alcohólicas, y especialmente la cerveza, también incrementan los niveles de ácido úrico. Por todo ello antiguamente se consideraba la gota como una enfermedad de ricos o de reyes.

Los niveles normales de ácido úrico dependen de la edad y del sexo, y se relacionan además con la obesidad, aterosclerosis, hiperlipidemia, diabetes, hipertensión, alcohol, y algunos fármacos como diuréticos. Así, el origen de la hiperuricemia puede ser primario, o secundario a otras patologías como enfermedades renales, tumores, ingesta de algunos fármacos, alcohol, etc. En la mayoría de los casos se ignora el motivo del aumento de dicha sustancia.

Con el tiempo, este exceso de ácido úrico forma cristales de urato monosódico, que se depositan en la articulación y provocan los ataques de gota. La concentración de ácido úrico en sangre se correlaciona más o menos con la gravedad clínica de la artritis, pero no se sabe por qué un individuo presenta gota mientras que otro no la presenta. Se habla de la existencia de un componente genético.

Manifestaciones clínicas

Artritis aguda:

La forma más frecuente de manifestarse la gota es un ataque de artritis aguda que afecta a una sola articulación y se presenta de forma súbita, pudiendo ser desencadenado por pequeños traumatismos, abusos alimenticios, intervenciones quirúrgicas, fatiga, estrés, infecciones, etc. A veces aparecen sin que haya ningún factor desencadenante.

El ataque de gota o artritis gotosa aguda se caracteriza por la aparición brusca de dolor, generalmente de inicio nocturno. A las pocas horas se producen síntomas inflamatorios hinchazón de la articulación, mayor dolor y enrojecimiento, y extensión a las partes blandas circundantes. El dolor aparece de forma espontánea, pero se incrementa con los roces o traumatismos y desaparece completamente en unos días o pocas semanas. A veces se acompaña de fiebre moderada.

En el la mitad de los casos la primera zona afectada es el dedo gordo del pie (podagra). También ocurre en la rodilla, el empeine, el tobillo, la muñeca, el codo o el hombro.

Después del primer ataque continúa un periodo de semanas, meses o incluso años, libre de síntomas. Al evolucionar la enfermedad los periodos entre las crisis suelen ser más cortos e incluso afectan a varias articulaciones a la vez.

Artritis crónica:

Existe una forma de gota llamada artritis crónica gotosa o gota tofácea, que se origina por la incapacidad del organismo de eliminar los cristales a medida que se van depositando en las articulaciones. Esta situación aparece en formas evolucionadas de la enfermedad y con altos niveles de ácido úrico. Estos depósitos de urato sódico, llamados tofos, se localizan frecuentemente en la parte externa de las orejas, codo, manos, muñecas o pies. Los síntomas que producen son dolor persistente y una marcada impotencia funcional.

Diagnóstico

El Colegio Americano de Reumatólogos (ACR) estableció en 1977 unos criterios, de manera que el cumplimiento de algunos de ellos orienta hacia el diagnóstico de artritis gotosa:

1.            Más de un ataque de artritis aguda.

2.            Inflamación máxima desarrollada en un solo día.

3.            Afectación de una única articulación (monoartritis)

4.            Enrojecimiento de las zonas que rodean a la articulación.

5.            Dolor o inflamación de la articulación del dedo gordo del pie.

6.            Ataque de artritis aguda unilateral de la articulación del dedo gordo del pie.

7.            Ataque unilateral de la articulación del tarso.

8.            Sospecha o presencia de tofos.

9.            Hiperuricemia.

10.          Hinchazón asimétrica de la articulación en la radiografía.

11.          Presencia de quistes subcorticales sin erosiones en la radiografía.

12.          Cristales de urato monosódico en líquido articular durante el ataque agudo de gota.

13.          No presencia de microorganismos infecciosos en el cultivo microbiológico del líquido articular durante el ataque.

Cuando la clínica es muy típica, el diagnóstico de gota puede realizarse por la historia y la exploración física acompañados de la detección de niveles de ácido úrico en sangre superiores a 7 mg/dL. Estos niveles pueden sugerir el diagnóstico pero no lo confirman. La gota se acompaña generalmente de hiperuricemia pero durante el ataque agudo no es raro que los niveles de ácido úrico sean normales. Además existen personas con hiperuricemia que nunca llegan a desarrollar gota.

El diagnóstico definitivo se realiza mediante el hallazgo de cristales de ácido úrico en el líquido articular durante un ataque agudo de gota. Estos cristales también pueden encontrarse en los tofos o en líquido de articulaciones libres de síntomas pero que estuvieron inflamadas con anterioridad.

¿A que médico debo acudir?

El reumatólogo es el especialista que mejor podrá ayudarle en el tratamiento y seguimiento de esta enfermedad.

Tratamiento

El tratamiento de la gota tiene como objetivo por un lado tratar los ataques de gota, y por otro disminuir el ácido úrico para así evitar la formación de cristales de urato.

El tratamiento de las crisis agudas consiste en la administración de fármacos antiinflamatorios como colchicina o antiinflamatorios no esteroideos (AINE), fundamentalmente Indometacina. Estos fármacos presentan ciertos efectos secundarios por lo que siempre deben ser tomados bajo la prescripción de su médico que le indicará el medicamento a tomar y las dosis más adecuadas para cada caso. I

Si los ataques de gota son poco frecuentes y los niveles de ácido úrico son normales, el paciente no precisará medicación en los periodos libres de síntomas. En otros casos se administrara algún tratamiento, para prevenir nuevas crisis.

En los casos de hiperuricemia, existencia de ataques recidivantes de gota, daño renal, o gota tofácea, será conveniente introducir un tratamiento farmacológico para disminuir los niveles de ácido úrico. Para ello se utilizan medicamentos que disminuyen la producción de éste, como el alopurinol, o que facilitan su eliminación renal, como el probenecid.

Será también fundamental realizar una dieta adecuada aunque no estricta. Es recomendable moderar la ingesta de alcohol y de ciertos alimentos del tipo de caza, mariscos o vísceras. Es necesario además evitar los  factores que favorecen que se desencadene una crisis.

Evolución y pronóstico

Con el tratamiento correcto, la gota se mantiene controlada en la mayoría de los casos. Debido a las distintas posibilidad de tratamiento y a la variabilidad de las dosis es aconsejable el seguimiento por parte de su médico de cabecera o reumatólogo.

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