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Enfermedades

Síndrome vertiginoso

Miercoles, 1 de octubre de 2003.

Síndrome vertiginosoEl vértigo es un síntoma, no una enfermedad, que se define como "una sensación anormal de movimiento rotatorio asociada a dificultades en el equilibrio, la marcha y la relación con el entorno". Con frecuencia la sensación del paciente es de giro o de rotación ("todo me da vueltas"), pero otras veces es una sensación de caída al vacío, de volteo, de oscilación o de que se mueve el suelo.

Para la coordinación del movimiento el cerebro recibe información a través de tres vías: la visual, la del oído interno y la sensorial. Las tres se combinan en el cerebro para obtener una estimación tanto de la orientación de la cabeza y del cuerpo como del movimiento. Se percibe vértigo cuando existe un fallo en alguna de estas vías. El origen suele estar en las estructuras del oído interno, o en alguna parte dentro del sistema nervioso central; es decir, el vértigo se debe a lesiones en el oído interno que suponen el 75% de todos los vértigos, y que denominamos "vértigos periféricos", mientras que el 25% restante se debe a lesiones en el sistema nervioso central, y  éstos se denominan "vértigos de origen central". A ambos nos referimos a continuación:

A. Vértigos periféricos

Los más frecuentes son los tres siguientes:

1. Vértigo posicional paroxístico: es el más común de los vértigos, produciéndose sobre todo en ancianos. Suele deberse al propio envejecimiento, a infecciones del oído interno, a traumatismos, alteraciones del riego sanguíneo local del oído interno y, a veces, no tiene causa aparente. Se trata de episodios agudos de vértigo de corta duración, desencadenados por los movimientos de la cabeza, con sensación imprecisa de mareo permanente e inestabilidad para la marcha y para los giros. No suele llevar alteraciones auditivas.

La evolución es variable. Pueden producirse remisiones espontáneas, aunque a veces es permanente. Cuando el paciente se acuesta sobre el oído afecto ("maniobra de Hallpike") aparece un nistagmo vertical rotatorio, que es muy característico en este vértigo.

En el diagnóstico debe incluirse un estudio audiológico, electronistagmografía, con pruebas calóricas, resonancia magnética craneal con contraste, para descartar otras causas.

El tratamiento más efectivo es el fisioterápico, consistente en repetir las maniobras que le desencadenan el vértigo y el nistagmo, consiguiendo con ello una desensibilización. Los fármacos antivertiginosos tienen escaso valor por la brevedad de los ataques agudos. Si el vértigo persiste puede intentarse un alivio seccionando el nervio del oído afecto encargado del equilibrio a través de una timpanoplastia.

2. Neuronitis vestibular: es una infección viral producida por virus del grupo Herpes. También puede aparecer en el curso de enfermedades virales tales como el sarampión o la parotiditis. Es más frecuentes en adolescentes y adultos jóvenes. 

Aparece un vértigo que progresa hasta hacerse muy intenso e incapacitante para el paciente, junto con náuseas, vómitos, desequilibrio y nistagmo. Suele mejorar al cabo de unas semanas (2 a 4 semanas). El tratamiento es sintomático (es decir, del vértigo y no de la causa que lo origina) en la fase aguda.

Existe una variante de la enfermedad denominada "Síndrome de Ramsay-Hunt", con vértigos, sordera, parálisis facial, dolor de oído y erupción de vesículas en el conducto auditivo externo. En este caso, al tratamiento sintomático debe asociarse tratamiento con fármacos antivirales, es decir, aquellos que actúan contra el virus responsable de la infección.

El diagnóstico incluye el mismo estudio que el apartado anterior.

3. Enfermedad de Menière: es una enfermedad caracterizada por vértigo intenso recidivante, sordera sensorial, zumbidos de oídos, asociado a una dilatación generalizada del laberinto membranoso, una parte del oído interno que interviene en el equilibrio, debida a una excesiva acumulación del líquido que normalmente contiene. La causa de tal acumulación es desconocida. Los ataques de vértigo duran desde algunas horas hasta 24, remitiendo de forma gradual. Suele afectarse un oído, pero hasta en un 10-15% de los casos están afectados los dos.

El tratamiento por un lado debe ser sintomático, con antivertiginosos, a los que se añaden fármacos encargados de eliminar líquidos (diuréticos) y restricción de sal. En pacientes con elevada recurrencia de los ataques se puede realizar intervención quirúrgica en forma de sección del nervio ("neurectomía") vestibular o mediante la extirpación del laberinto.

B. Vértigos centrales

Se diferencian de los periféricos por tener un comienzo y un curso insidioso, con una duración más prolongada. Los más frecuentes son:

1. Causa vascular. La falta de riego sanguíneo en las zonas del cerebro científicamente conocidas como el troncoencéfalo y el cerebelo, irrigados por las arterias vertebrales y la arteria basilar ("isquemia o infarto vertebrobasilar") se produce por alteración de las arterias citadas. La sintomatología consiste en un vértigo acompañado de otros síntomas que demuestran un déficit del sistema nervioso central, bien sea por afectación de nervios craneales, déficits motores o sensitivos, o disfunciones del cerebelo. Si existe alguno de los síntomas descritos, se debe acudir al hospital para ser valorado por un neurólogo. Sin embargo, un vértigo sin otra alteración clínica que implique directamente al sistema nervioso central no debe ser considerado infarto vertebrobasilar.

El tratamiento incluirá fármacos que tienden a evitar la obstrucción de los vasos sanguíneos (antiagregantes), siempre que no exista otra causa con tratamiento específico. Para el diagnóstico es necesario realizar una resonancia magnética craneal y un estudio de las arterias que riegan el cerebelo y el troncoencéfalo.

2. Esclerosis múltiple. Enfermedad autoinmune, que afecta sobre todo a adultos jóvenes y que puede llevar asociados vértigos típicos de origen central. El tratamiento del vértigo será sintomático y el propio de la enfermedad subyacente.

Existen otras causas menos comunes, como los tumores troncoencefálicos o del cerebelo y las hemorragias cerebelosas causadas por hipertensión, malformaciones vasculares o la toma de anticoagulantes orales.

Tratamiento

El tratamiento sintomático es similar tanto para el vértigo periférico como para el que tiene su origen central. En todo caso, la administración de medicamentos debe ser prescrita y supervisada por el médico especialista.

a) En primer lugar, reposo en cama mientras dure el ataque

b) Antivertiginosos, sólo cuando los síntomas sean intensos, ya que retrasan la compensación fisiológica del vértigo y generan efectos secundarios. Existe una gran variedad de estos fármacos, cuya utilización depende de las características del vértigo y de la enfermedad que lo origina u otras que pueda presentar el paciente. Así, algunos están especialmente indicados para pacientes que tengan enfermedad de Parkinson. En cambio, otros están precisamente contraindicados en esta enfermedad, consistiendo su acción en disminuir la excitabilidad del laberinto. Otros son utilizados para los vómitos, siendo administrados en la fase aguda por vía intramuscular o intravenosa.

c) Ansiolíticos como tratamiento coadyuvante.

d) Ejercicios de rehabilitación, como, por ejemplo, mover los ojos y la cabeza en las cuatro direcciones, giros de cabeza, En el caso del vértigo posicional benigno, es recurrente y se aconseja recomendar que se eviten las posturas del cuello y de la cabeza que pueden desencadenar el vértigo

La mayoría de los vértigos periféricos son autolimitados (suelen desaparecer con el tiempo), por lo que el tratamiento sólo ayuda a paliar los síntomas. Si se trata de vértigo central, en personas ancianas el tratamiento consiste en la observación (el cuadro puede progresar), tratamiento sintomático, que radica fundamentalmente en el reposo en la cama, el alivio de los vómitos y es conveniente administrar medicación antiagregante si no existe contraindicación para ello.

En las otras causas de vértigo central, tales como enfermedades desmielinizantes, tumores, etc., el tratamiento será etiológico, es decir, de la causa subyacente, teniendo exclusivamente como apoyo el tratamiento sintomático.

Categorías: Enfermedades, Neurología,
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