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Análisis clínicos

Análisis de sangre

Viernes, 1 de diciembre de 2000.

Sangre¿Qué es el análisis de sangre?

Conocer la composición del cuerpo humano resulta de gran utilidad a la hora del diagnóstico de las diferentes enfermedades. Para ello no hay más remedio, hoy por hoy, que tomar un trozo y analizarlo.

Pero claro, si se nos fueran cortando trozos para analizarlos, al cabo de unos años terminaríamos llenos de remiendos.

Aunque pueda resultar curioso, la sangre es un tejido como la piel o la superficie del estómago, sólo que tiene la característica peculiar de ser líquido. Tiene, como los demás tejidos, un conjunto de células, agua y gran cantidad de sustancias disueltas en diferentes proporciones.

El hecho de que sea tan fácil de obtener y que la pérdida de las pequeñas cantidades requeridas para hacer los análisis se reponga automáticamente con tanta facilidad, hacen de ella la parte de nuestro cuerpo más adecuada para conocer la composición del organismo.

Además contiene unas células que, procedentes de la médula ósea, tienen unas funciones muy importantes: los glóbulos rojos o hematíes transportan el oxígeno desde los pulmones a los tejidos, los glóbulos blancos o leucocitos nos defienden contra las infecciones y la aparición espontánea de tumores, y las plaquetas taponan las pequeñas rupturas que se puedan producir en los vasos.

Conocer también su número y características resulta muy interesante para el diagnóstico de diferentes enfermedades.

¿Cómo se realiza?

Habitualmente se obtiene una muestra de sangre extraída de una vena del brazo. Como la sangre que circula por las venas va en dirección al corazón, se pone un torniquete que impide su paso, con lo que las venas que quedan por debajo se hinchan y es más fácil introducir en ellas una aguja.

Para algunas pruebas especiales, se obtiene la sangre de una arteria en vez de una vena, por ejemplo en una muñeca.

La sangre obtenida se introduce dentro de varios tubos, muchas veces con tapones de diferentes colores. Cada color representa un  aditivo diferente al que se añade la sangre y sirven para conservar la muestra en las mejores condiciones para la realización de cada prueba: los aditivos para diferentes pruebas no son los mismos y la forma de etiquetar para qué vale cada tubo es en función del color de su tapón.

¿Requiere alguna preparación especial por parte del paciente?

Para algunas pruebas sí y para otras no. Por ejemplo, la mayor información que se obtiene del resultado de la glucosa es cuando el paciente está en ayunas, porque la toma de alimentos hace que se absorba por el intestino y aumenten sus niveles en sangre transitoriamente.

Para evitar que alguien se pueda confundir y haya que repetir la extracción, se suele pedir rutinariamente a los pacientes que acudan en ayunas a hacerse el análisis. Sin embargo no se sorprenda si algún día acude a urgencias y le hacen un análisis sin tener en cuenta cuánto tiempo ha pasado desde que comió: para el hemograma, la gasometría y la coagulación, por ejemplo, no influye.

Para qué sirve

El análisis de sangre se divide en una serie de pruebas: hemograma, coagulación, bioquímica y gasometría. En algunos casos especiales se realizan también otras pruebas (sobrecarga oral de glucosa en embarazadas, absorción de D-xilosa para el estudio de la malabsorción, citometría de flujo, etc.).

Vamos a repasar la utilidad de las pruebas que con mayor frecuencia se hacen en los análisis.

El hemograma

La muestra para la realización del hemograma se extrae habitualmente en tubos que llevan un aditivo llamado EDTA que impide que la sangre se coagule (suelen tener tapón de color morado). Esta prueba sirve para el recuento de la cantidad y las propiedades de los llamados "elementos formes de la sangre", es decir, glóbulos rojos (o hematíes), glóbulos blancos (o leucocitos) y plaquetas.

De los glóbulos rojos se mide:

  • Número por unidad de volumen de sangre (a veces se expresa con sus siglas inglesas RBC).
  • Hematocrito (Hct): Porcentaje del volumen que ocupan los hematíes sobre el volumen total de sangre.
  • Cantidad de Hemoglobina por unidad de volumen de sangre (HGB). Cuando su resultado es menor de lo normal se dice que se tiene anemia.(ver documento relacionado) 
  • Volumen corpuscular medio (VCM ó MCV): la media de volumen que tienen los hematíes.
  • Hemoglobina corpuscular media (HCM ó MCH): la media de cantidad de hemoglobina que tiene cada hematíe.
  • Concentración de hemoglobina corpuscular media (CHCM ó MCHC): la media de cantidad de hemoglobina por unidad de volumen de hematíes.
  • Distribución de volumen (RDW): Mide si existen grandes diferencias de tamaño entre unos hematíes y otros.

De los leucocitos se mide:

  • Número total por unidad de volumen de sangre (generalmente abreviado como LEU).
  • El número de cada uno de sus tipos. Se suelen expresar de 2 maneras: como porcentaje sobre el número de leucocitos totales o como número total por unidad de volumen de sangre (esta última forma de expresión es la que debe tenerse en cuenta, el porcentaje sobre el total de leucocitos es anecdótico):
  • Neutrófilos. A veces aparecen divididos en cayados (neutrófilos jóvenes, presentes por ejemplo en infecciones bacterianas agudas) y segmentados (neutrófilos maduros).
  • Linfocitos.
  • Monocitos.
  • Eosinófilos.
  • Basófilos.

En algunos métodos automatizados de medición se cuentan otras células que la máquina no es capaz de catalogar, como las LUC. Cuando su número es significativo requiere el recuento manual por personal especializado usando un microscopio.

De las plaquetas se mide:

  • Su número total por unidad de volumen de sangre (PLQ ó PLA).
  • Plaquetocrito: Porcentaje del volumen de plaquetas sobre el volumen total de sangre. Es un dato de poco valor.
  • El volumen plaquetar medio (VPM ó MVP): la media del volumen de las plaquetas.
  • Distribución de volumen (PDW): Mide si existen grandes diferencias de tamaño entre unas plaquetas y otras.

Además de estos resultados numéricos se obtiene una serie de gráficas sobre las características de los elementos formes. Éstas son habitualmente revisadas por el personal del laboratorio en caso de alteraciones en las cifras y muchas veces, sin no hay nada significativo, no aparecen en los informes impresos.

La coagulación

La muestra para la realización de las pruebas de coagulación se extrae habitualmente en tubos que llevan un aditivo llamado Citrato que impide que la sangre se coagule (suelen tener tapón de color azul). Este aditivo no se usa habitualmente para el hemograma porque altera sus resultados.

Estas pruebas sirven para medir la capacidad que tiene la sangre para formar coágulos, al medir el tiempo que tardan en formarse en función de unas sustancias que se añaden a la sangre. Están diseñadas para detectar a personas que tienen una especial tendencia a sangrar, ya sea de forma congénita (hemofilias por ejemplo) o adquirida (por ejemplo trastornos de la alimentación graves o enfermedades del hígado).

Habitualmente se realizan unas pruebas de despistaje:

  • Tiempo de Protrombina o tiempo de Quick (TP ó PT). Mide la actividad de los factores de la coagulación VII, X, V, II y fibrinógeno.
  • INR: es un derivado del TP que se utiliza para el control del tratamiento anticoagulante oral.
  • Tiempo de Tromboplastina Parcial activado (TTPa ó aPTT) o tiempo de Cefalina (TC). Mide la actividad de los factores de la coagulación XII, XI, IX, VIII, X, V, II y fibrinógeno.
  • Tiempo de Trombina (TT). Mide la cantidad y función del fibrinógeno.

Si los resultados de estas pruebas no son normales, suelen hacerse también otras más complejas para la investigación de los factores de la coagulación o la búsqueda de inhibidores.

La bioquímica

La muestra para la realización de las pruebas de BIOQUÍMICA se extrae en tubos sin aditivos o con una gelatina (suelen tener tapón rojo). En estas pruebas se mide la concentración de las sustancias disueltas en sangre.

Las que con más frecuencia se cuantifican son:

  • Glucosa. Elevada en diabéticos.(ver documento relacionado)
  • Urea y Creatinina: Elevados en pacientes con insuficiencia renal.
  • Sodio, Potasio, Cloro, Calcio, Fósforo.
  • Proteínas totales, albúmina.
  • Transaminasas (GOT ó ALT, GPT ó AST, GGT). Elevadas, por ejemplo, en las hepatitis.
  • CPK, GOT y LDH: elevadas en distintos momentos tras un infarto de miocardio, por ejemplo.
  • Colesterol, lipoproteínas (HDL, LDL, VLDL), triglicéridos.
  • Hierro, Ferritina, Transferrina.

Se pueden cuantificar otras muchas sustancias, cientos, en función de las enfermedades, los signos y los síntomas de cada paciente.

La gasometría

La gasometría mide los gases (oxígeno y CO2) y el bicarbonato (HCO3) disueltos, y el pH (grado de acidez) de la sangre. Puede realizarse en sangre venosa (junto con el resto de los análisis que se extraen de esta vía) o arterial (requiere una punción en una arteria, generalmente de la muñeca, que resulta más dolorosa que una punción venosa).

La gasometría arterial da más información que la venosa, pues la concentración de oxígeno y de CO2 que hay en ella es la que tiene la sangre después de pasar por los pulmones. Si lo que se quiere es conocer solamente el pH y el bicarbonato, es suficiente con la venosa, cuya extracción es menos dolorosa.

Resultados

Los VALORES NORMALES de los análisis de sangre dependen de cada laboratorio: esto es debido a que las condiciones en las que se realizan no son iguales en todas las zonas porque los reactivos y las máquinas empleadas son diferentes y porque las poblaciones humanas y el ambiente en que viven también difieren. Por ejemplo: el valor de hemoglobina que tienen los ciudadanos de La Paz (Bolivia) es más alto que el de los de Zamora (España), al vivir a mayor altura y ser la concentración de oxígeno más baja en el aire que respiran.

Habitualmente los valores normales los establece cada laboratorio realizando análisis a personas sanas y sometiendo los resultados a estudios estadísticos. Las hojas de resultados de análisis suelen llevar impresos los resultados normales para su método - reactivos - población. Esos son los que hay que tener en cuenta.

¿Puede tener complicaciones?

Anemia

A veces observamos con horror la cantidad de tubos que llenan con nuestra sangre: ¡pero oiga, que me va dejar seco! No hay por qué preocuparse: La cantidad que se extrae no es suficiente como para producir una disminución significativa del volumen de sangre del organismo. Así como al hacer una donación de sangre se aconseja beber una cantidad importante de líquidos en las horas posteriores, en los análisis de sangre esto no es necesario: mientras que en una donación se extraen unos 450 centímetros cúbicos, es extremadamente raro que se extraigan más de 50 en un análisis.

La excepción a esta regla son los recién nacidos: su volumen de sangre es muy pequeño y, aunque las muestras que se extraen son menores que en los adultos, cuando es necesario hacer análisis repetidos frecuentemente sufren anemias. Los pediatras y neonatólogos son muy conscientes de este problema y procuran hacer el menor número de análisis posible a los recién nacidos.

Mareos

Mucha gente se marea cuando le sacan sangre. Es una reacción psicológica que tiene que ver con la impresión de ver la sangre, el olor característico del lugar, el calor que suele hacer, ver marearse a otras personas, etc.

El mareo en sí mismo no suele tener mayores repercusiones, pero lo que sí puede ser grave es caerse y golpearse contra algo. Por eso, ante el menor síntoma de mareo, lo mejor es sentarse en el primer sitio que se encuentre (el suelo, si es preciso) y, si así no se pasa, tumbarse. Un poco de aire fresco tampoco suele venir nada mal.

Moretones

Muchas veces conseguir introducir la aguja justo dentro de la vena no es fácil y la vena se rompe o la aguja la atraviesa. En ese caso sale algo de sangre y se acumula en los tejidos circundantes, produciendo un moretón o hematoma. Ocurre principalmente en personas que tienen las venas muy finas o en las que se han realizado muchos análisis de sangre. También ocurre cuando después de una extracción no se presiona sobre el lugar de punción y la sangre sale por donde ha entrado la aguja.

Lo mejor que se puede hacer para evitarlo es, después de la extracción, poner el brazo completamente estirado y presionar sobre la zona de presión, con una gasa o algodón durante 5 o 10 minutos.

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