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Salud familiar

Depresión en la infancia

Depresión en la infancia¿Qué es?

La depresión es un trastorno del ánimo y de los sentimientos que se caracteriza por la pérdida de interés y disfrute de las actividades habituales, alteraciones del apetito, por exceso o defecto, insomnio o sueño excesivo, nerviosismo o falta de gana, sentimiento de inutilidad y de culpa excesiva, menor capacidad para pensar y concentrarse en ideas repetidas de muerte.

Esta enfermedad se puede dar a cualquier edad, en la infancia, aunque es mucho más frecuente y, en general, más grave en la adolescencia. Alrededor del 3-5% de adolescentes presentan síntomas de depresión, siendo algo más frecuente en niñas.

¿Cuál es la causa?

No se conoce con certeza la causa de la depresión, aunque se piensa que puede tener un origen genético (heredado). Es mucho más frecuente la depresión en niños, cuando existe un familiar cercano, padre, madre o hermano, con esta enfermedad u otros trastornos importantes de los sentimientos. Se cree que en estas familias se hereda un menor funcionamiento de alguna de las sustancias que actúan en el cerebro como transmisoras de señales (noradrenalina y serotonina).

Otros investigadores creen, sin embargo, que la depresión se produce en el entorno en el que vive el niño o adulto, por la falta de refuerzos positivos ante sus actividades, escasas habilidades sociales, sensación de impotencia aprendida, problemas de autocontrol y el estrés de la vida diaria.

¿Cómo se manifiesta?

Los síntomas de esta enfermedad dependen mucho de la edad del niño:

Lactante: los niños menores de 1 año pueden tener depresión; la forma más conocida es la que aparece cuando a un lactante mayor de 6-7 meses se le separa de su cuidador más cercano, en general madre o padre, este protesta inicialmente (llora, busca, tiene pánico y mueve las extremidades continuamente) y seguidamente busca entre todos los adultos a su cuidador, rechazándolos. Al final el niño se muestra triste, apático, llora en silencio mirando al vacío y cuando se les coge en brazos para consolarle, buscan de nuevo a su madre o padre y al no encontrarlos se abraza al extraño, continúa sollozando y no se consuela.

Los niños más mayores presentan tristeza, llanto fácil, irritabilidad, abandono de actividades que antes le gustaban y trastornos de la alimentación y el sueño. Muchos niños deprimidos tienen, además, angustia (episodios de temor y agobio injustificados) y alteraciones de la conducta (rebeldía, agresividad, etc.).

Los síntomas de un episodio de depresión suelen desarrollarse lentamente a lo largo de días o semanas, pero a veces pueden desencadenarse rápidamente, precipitados por un acontecimiento grave (discusión familiar, muerte de un ser querido, separación de los padres, fracaso amoroso, etc.). La duración de los episodios de depresión es muy variable, lo más habitual es que sin tratamiento duren unos 6 meses, pero en ocasiones pueden persistir de 2 a 3 años. Los niños que han sufrido un episodio de depresión pueden volver a repetirlo, con más frecuencia en los 2 años posteriores al primer episodio. Aún sin presentar un nuevo episodio de depresión al completo, no es raro que presenten algunos de los síntomas depresivos.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico de esta enfermedad, hoy por hoy, se basa fundamentalmente en la presencia de los síntomas comentados. Existen unas entrevistas, cuestionarios o tests psicológicos que pueden ayudar a realizar el diagnóstico. También se han utilizado, aunque aún con resultados dudosos, pruebas de laboratorio (determinación de algunas hormonas que pueden aparecer alteradas en niños con depresión, como la hormona de crecimiento) y la realización de electroencefalograma durante el sueño (se registra la actividad cerebral durante el sueño que presenta algunas alteraciones características en los niños deprimidos).

¿Cuál es el tratamiento?

Los niños con depresión deben ser atendidos y tratados por el psiquiatra. La depresión se trata con medicamentos antidepresivos y algunos procedimientos de psicoterapia, como juegos, conversaciones, reuniones, etc. La psicoterapia es especialmente importante cuando además de la depresión, el niño tiene trastornos de ansiedad o de conducta.

¿Cuál es la complicación mayor?

Además de la alteración de la vida normal del niño, la depresión puede desembocar en el suicidio o intento de suicidio. Muchos de los niños que se suicidan o lo han intentado, han mostrado un trastorno depresivo, con preocupación constante por la muerte, deseos de morir, sentimientos de inutilidad y desesperanza. Las amenazas e intentos de suicidio deben tomarse siempre en serio, ya que es la forma en la que el niño expresa su desesperación, burlarse de sus amenazas o ridiculizarle es la mejor forma de favorecer que se suicide de verdad. Antes de un suicidio consumado, suelen haber existido amenazas o intentos previos.

Cuándo consultar

Es frecuente y razonable que ante un hecho negativo importante en su vida (muerte de un ser querido, separación de los padres, escolarización, inicio en la guardería, etc.), el niño reaccione deprimiéndose, tristeza, con menor rendimiento escolar, trastornos del sueño o del apetito, etc. Estos síntomas deben ser transitorios, cuando se mantienen en el tiempo (más allá de 1-2 meses) y sobre todo, sí se acompañan de otros síntomas, como pérdida de interés por los juegos, ideas de muerte, ansiedad y trastornos de la conducta (agresividad, rebeldía, etc.), se debe consultar con el pediatra.

Consultar siempre y de manera inmediata, ante la amenaza o intento de suicidio de un niño, especialmente si ha sido diagnosticado de depresión.

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