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Hematología

Anemia

Anemia¿Qué es la anemia?

Uno de los elementos que constituyen la sangre son los glóbulos rojos, también llamados hematíes. Estos contienen una sustancia llamada hemoglobina, que tiene una propiedad especial: es capaz de transportar oxígeno. Su función es fundamental porque se encarga del transporte del oxígeno que respiramos desde los pulmones al resto de nuestro organismo. Es una sustancia de color rojo: le da el color a nuestra sangre.

Cuando tenemos una cantidad menor de hemoglobina de la necesaria para transportar por nuestro organismo el oxígeno que respiramos, decimos que tenemos anemia. Esa escasez de oxígeno en los tejidos va a ser lo que dé lugar a los síntomas de la anemia.

Generalmente, la disminución en la cantidad de hemoglobina se suele asociar con un número de hematíes menor del normal: por eso mucha gente identifica la anemia con "tener pocos glóbulos rojos". Pero eso no siempre es así: puede haber anemia (poca hemoglobina) con un número de hematíes normal. Más adelante veremos porqué.

¿Qué la produce y cómo se produce?

Existen varios tipos de anemia, con unas características y con unas causas diferentes. La propiedad común es la disminución de capacidad de la sangre de transportar por el organismo el oxígeno que respiramos, debido a tener menos hemoglobina de la normal.

Si tenemos en cuenta que cada uno de nuestros hematíes tiene una vida, podremos entender mejor las causas de la anemia: Los hematíes nacen en la médula ósea, que es el tejido que se encuentra en la zona esponjosa del interior de nuestros huesos. Allí se cargan de hemoglobina, para lo que necesitan, entre otras cosas, hierro. Después salen a la sangre, donde circulan y cumplen su función. Con el paso del tiempo se van deteriorando y perdiendo varias de sus características, entre ellas la flexibilidad que les permite cambiar de forma para pasar por vasos sanguíneos estrechos. El bazo es un órgano que tiene vasos particularmente estrechos, por eso, después de unos 100 días circulando, los hematíes no son capaces de atravesar el bazo y allí termina su vida: son "desguazados" y sus componentes son reciclados para la fabricación de más hematíes y otras células.

Ahora podremos entender que, a grandes rasgos, existen 2 tipos de anemia: aquellas que se originan porque se producen menos de los que se necesitan para renovar los que terminan su ciclo natural de 100 días, y aquellas otras debidas a que su vida se acorta y se pierden más deprisa de la velocidad a la que se producen en la médula ósea.

Entre las primeras encontramos a las anemias ferropénicas (o anemias por falta de hierro) en las que falta este componente fundamental para la fabricación de la hemoglobina.

Entre las segundas el ejemplo típico es la debida a las hemorragias aunque, si estas son repetidas, puede llegar a tener un componente de falta de hierro, ya que no puede ser reciclado. También en este grupo están las Anemias hemolíticas: bajo este nombre se agrupan las anemias que son debidas a que la vida de los hematíes está acortada porque son destruidos antes de tiempo. Los motivos para que esto ocurra podemos encontrarlos en el propio hematíe, que no sea normal, o en el ambiente que le rodea (la sangre) que contiene algo que lo destruye.

¿Cuándo sospechar una anemia?

Aunque ningún síntoma o signo en concreto nos puede dar la seguridad de tener anemia, cuando se tienen simultáneamente varios de ellos es necesario acudir al médico para que lo descarte:

  • Cansancio y sensación de debilidad. Mareos.
  • Palidez en piel y mucosas.
  • Dolores de cabeza.
  • Palpitaciones.
  • Zumbidos de oídos.

Todos estos síntomas pueden presentarse en cualquier tipo de anemia. Su intensidad depende de lo profunda que sea y, en cierta medida, de la velocidad con la que se haya presentado: cuando aparece poco a poco da tiempo a que el organismo se vaya adaptando, y los síntomas puede que no aparezcan hasta que la anemia sea importante. En cambio, cuando aparece rápidamente, como por ejemplo en el caso de una hemorragia, los síntomas aparecen desde el principio. Si la anemia se hace muy severa pueden llegar a producirse infartos cerebrales o de miocardio.

Existen además otros síntomas y signos característicos de determinados tipos de anemia.

¿Cómo saber que se tiene anemia?

Los síntomas de la anemia son inespecíficos: esto quiere decir que podrían ser debidos a otras causas. Por ello, el diagnóstico de anemia pasa obligatoriamente por someterse a un análisis de sangre. La prueba concreta que se realiza dentro del análisis de sangre se llama hemograma y es tan rutinaria que sería excepcionalmente raro que su médico le pidiera un análisis de sangre que no incluyera esta prueba.

Durante el hemograma se realiza un recuento del número y tamaño de los glóbulos rojos, leucocitos y plaquetas, además de la cantidad de hemoglobina. El tamaño de los glóbulos rojos puede ser una pista interesante para saber el tipo de anemia que tiene:

Cuando los glóbulos rojos son más pequeños de lo normal se dice que existe "microcitosis". Son típicos de las anemias ferropénicas, talasemias y esferocitosis.

Cuando los glóbulos rojos son más grandes de lo normal se dice que existe "macrocitosis". Los más grandes aparecen en las anemias megaloblásticas, pero también suelen ser algo mayores de lo normal en las anemias refractarias y las anemias hemolíticas autoinmunes.

Una vez comprobado que tiene anemia, su médico le pedirá análisis adicionales para ver cuál es su causa. Si usted tiene antecedentes de algún tipo de anemia en concreto, lo más probable es que su médico le pida estas pruebas a la vez que el hemograma, para evitar tener que volverle a sacar sangre más adelante, pero si no es así es posible que le tenga que hacer un segundo análisis. Si se ha fijado alguna vez, los tubos que le sacan tienen tapones de diferentes colores, esto es porque cada tipo de tubo sirve sólo para unas pruebas y no para otras.

Las pruebas adicionales que su médico le puede pedir dentro de un análisis de sangre son:

Frotis o extensión sanguínea. Se trata de ver su sangre al microscopio para observar cómo son sus hematíes, pues algunos tipos de anemia muestran alteraciones características de la forma de éstos.

Hierro sérico y ferritina (una proteína que almacena hierro). Para las anemias ferropénicas. También puede pedirle transferrina o su capacidad total de saturación por hierro.

Vitamina B12 y ácido fólico. Para las anemias megaloblásticas.

Test de Coombs. Sirve para detectar si los hematíes están siendo atacados por anticuerpos. Sirve para diagnosticar las anemias hemolíticas autoinmunes.

Hemoglobina A2, hemoglobina F y electroforesis de hemoglobinas. Para las talasemias y anemias falciformes.

Resistencia globular osmótica. Para descartar esferocitosis hereditaria.

Test de falciformación. Para descartar la anemia de células falciformes.

Su médico también le puede pedir otras pruebas más específicas para tipos muy concretos de anemia: electroforesis de cadenas de globina, análisis de enzimas del hematíe, estudio de las proteínas de membrana, etc.

Durante el proceso de investigación de la causa de la anemia, es posible que su médico le solicite otras pruebas que no son análisis de sangre:

Búsqueda de sangre oculta en heces. para investigar si una anemia ferropénica es debida a pérdida de sangre por su tubo digestivo de forma inadvertida.

Test de absorción de D-xilosa y test de sobrecarga oral de hierro. Suele usarse para personas con anemia ferropénica que no responden de forma adecuada cuando se inicia el tratamiento por vía oral. Estas pruebas sirven para investigar si existe una buena absorción intestinal de hierro.

Test de Schilling. Sirve para conocer si se absorbe la vitamina B12 que se ingiere al comer. Incluye una inyección de la vitamina, la posterior ingestión de la vitamina unida a un isótopo radiactivo y un análisis de orina posterior para medir la radiactividad en caso de que la vitamina B12 se haya absorbido. A veces es necesario realizar la prueba en varias fases. Aunque parezca extraño, la cantidad de radiactividad a que se somete al paciente es muchísimo menor que la que produce una radiografía de tórax normal.

Aspirado / biopsia de médula ósea. Sirve para analizar el lugar donde se fabrica la sangre. Requiere anestesia local y se realiza mediante un pinchazo en un hueso: suele hacerse en el esternón o en la cresta ilíaca posterior (encima del glúteo).

Endoscopias digestivas. Sirven para buscar alguna lesión en el tubo digestivo por donde se pueda estar perdiendo sangre, como úlceras, pólipos o tumores, por ejemplo. También puede ser útil para estudiar las causas de malabsorción. 

¿Cómo se trata?

La solución de la anemia sólo puede hacerse cuando se conoce de qué tipo es y cuál es su causa. En términos generales, hay que desconfiar de soluciones genéricas para la anemia, si antes su médico no le ha hecho un estudio.

¿Cómo evitar la anemia?

Haciendo una dieta equilibrada: Comiendo carne evitará deficiencias de hierro y de vitamina B12 B12. Comiendo vegetales, particularmente crudos, evitará deficiencia de ácido fólico. No obstante, durante el embarazo es muy probable que su médico tenga que recetarle medicamentos que contengan hierro y ácido fólico.

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Categorías: Enfermedades, Hematología,
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