¿Por qué a algunas personas les cuesta más perder peso con la misma dieta? ¿Por qué hay quien tolera el café por la noche y quien se acelera con una taza por la mañana? Parte de la respuesta puede estar en la nutrigenética, una disciplina que estudia cómo las variaciones en nuestro ADN influyen en la forma de procesar nutrientes, regular el apetito, gestionar la energía y responder a diferentes patrones de alimentación.
La nutrigenética no “determina” tu destino, pero sí aporta pistas útiles para tomar decisiones más personalizadas. En lugar de perseguir dietas universales, ayuda a identificar qué estrategias tienen más probabilidades de encajar contigo: desde el reparto de macronutrientes hasta la tolerancia a ciertos alimentos o la sensibilidad a la cafeína.
Si te interesa aterrizar esta información en recomendaciones prácticas, una forma habitual de empezar es con un informe nutrigenético; por ejemplo, puedes realizarte un test nutrigenético con informe nutricional en Adntro.com, que analiza variantes relevantes para orientar hábitos y decisiones alimentarias con mayor precisión.
La nutrigenética estudia cómo las diferencias genéticas individuales (pequeñas variaciones en el ADN, a menudo llamadas polimorfismos o SNPs) se asocian con respuestas distintas a nutrientes y patrones dietéticos. Por ejemplo: cómo metabolizas grasas, cómo regulas la saciedad o tu predisposición a niveles elevados de triglicéridos ante una dieta concreta.
La nutrigenómica, por otro lado, se centra en cómo los nutrientes y el estilo de vida pueden influir en la expresión de genes (es decir, en “qué genes se activan o silencian” en ciertos contextos). En la práctica, ambos enfoques se complementan: la genética aporta una base, y el entorno (dieta, sueño, estrés, ejercicio) modula el resultado.
El peso corporal depende de múltiples factores: balance energético, composición de la dieta, actividad física, sueño, estrés, microbiota, entorno y también genética. La nutrigenética no reemplaza lo básico, pero puede explicar por qué algunas estrategias te funcionan peor o mejor que a otras personas.
Hay variantes genéticas asociadas con señales de saciedad y preferencia por alimentos palatables. Esto no significa “no tengo fuerza de voluntad”, sino que tu sistema de recompensa y tus señales de hambre pueden ser más sensibles a ciertos estímulos (ultraprocesados, sabores intensos, combinaciones de grasa y azúcar).
Aplicación práctica:
Algunas personas presentan una respuesta metabólica menos favorable a dietas muy altas en grasa saturada o, por el contrario, se desregulan más con cargas elevadas de carbohidratos refinados. La nutrigenética busca pistas para orientar el reparto de macronutrientes y la elección de fuentes (calidad de grasas y carbohidratos) según tu perfil.
Aplicación práctica:
Ciertas variantes se asocian con tendencia a triglicéridos altos, colesterol LDL más elevado o peor manejo de grasas en contexto de dieta desequilibrada. Conocer este riesgo permite priorizar medidas preventivas: fibra soluble, omega-3, control de alcohol, ejercicio de fuerza y aeróbico.
En plataformas como ADNTRO, estos apartados suelen presentarse como “predisposiciones” o “tendencias”, acompañadas de recomendaciones de hábitos que actúan como palancas.
La “energía” no depende solo de calorías: influye el descanso, el estado inflamatorio, la salud hormonal, el estrés y la forma de metabolizar estimulantes y micronutrientes.
Hay personas que metabolizan la cafeína más lentamente y pueden notar más ansiedad, taquicardia o alteración del sueño incluso con dosis moderadas. Otras la procesan rápido y toleran mejor el café. Identificar tu tendencia puede ayudarte a ajustar:
La respuesta al entrenamiento (fuerza, resistencia) tiene componente genético, pero la diferencia práctica suele estar en la constancia y la recuperación. Algunas personas se benefician especialmente de:
Un informe como los que suele ofrecer ADNTRO puede servir como mapa inicial, pero la energía sostenida se construye con sueño regular, estrés controlado y una dieta de calidad.
La nutrigenética se usa a menudo para orientar la prevención: no porque “vayas a tener” un problema, sino para priorizar hábitos en función de predisposiciones.
Si tienes tendencia familiar a diabetes tipo 2 o notas somnolencia tras comidas ricas en refinados, puede ser útil enfocar el plan hacia:
Hay perfiles que responden peor a dietas altas en grasas saturadas o a consumo elevado de alcohol (que sube triglicéridos). Recomendaciones útiles y bastante universales, pero especialmente relevantes si hay predisposición:
Tu genética puede influir en la percepción del sabor (amargo/dulce), en la búsqueda de recompensa y en la tendencia a comer por estrés. Esto no etiqueta ni justifica: ofrece herramientas para diseñar un entorno que te favorezca.
Si tiendes a rechazar ciertos sabores (por ejemplo, amargos de algunas verduras), no es “capricho”: puede haber sensibilidad gustativa. Estrategias:
La predisposición a comer por estrés suele empeorar con falta de sueño y horarios caóticos. Si te reconoces aquí, prioriza sistemas simples:
Informes personalizados como los de ADNTRO suelen servir para poner nombre a tendencias (saciedad, preferencia por dulce, respuesta al estrés) y, sobre todo, para convertirlas en acciones concretas.
La genética puede aportar información sobre predisposición a ciertas intolerancias o sobre el metabolismo de algunos nutrientes. Importante: una predisposición genética no sustituye el diagnóstico médico. Si hay síntomas, conviene confirmarlo con profesionales y pruebas adecuadas.
La intolerancia a la lactosa tiene una base genética frecuente. Saber tu tendencia puede evitar restricciones innecesarias o, al contrario, explicar molestias repetidas. Alternativas habituales:
Existen marcadores genéticos asociados a mayor predisposición a celiaquía, pero tenerlos no significa ser celíaco. La recomendación práctica es no retirar el gluten “por si acaso” sin evaluación, porque dificulta el diagnóstico y puede empeorar la calidad de la dieta si se sustituye por ultraprocesados sin gluten.
Algunas variantes se relacionan con un procesamiento distinto del folato. En esos casos, suele ser especialmente importante:
La nutrigenética funciona mejor cuando se usa como una brújula, no como una sentencia. Para sacarle partido:
Imagina que tu perfil sugiere: sensibilidad a cafeína, tendencia a picoteo dulce y predisposición a triglicéridos altos. Un plan práctico podría ser:
Este tipo de enfoque encaja bien con cómo suelen presentarse las recomendaciones en ADNTRO: orientaciones prácticas para pasar del dato genético al hábito cotidiano.
Conviene tener claras algunas limitaciones:
Si estás embarazada, tienes enfermedades crónicas (diabetes, hipotiroidismo, dislipemias), tomas medicación o has tenido una mala relación con la comida, lo ideal es interpretar cualquier informe con un dietista-nutricionista o médico. La información genética puede ser muy útil, pero siempre debe traducirse en decisiones seguras, realistas y sostenibles.
Cuando estas respuestas se combinan con una lectura sensata de la nutrigenética, el resultado suele ser más claridad y menos ensayo-error. Y ahí es donde referencias como ADNTRO pueden ayudarte a convertir un dato biológico en un plan de hábitos que encaje contigo y con tu vida.