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Enfermedades

Síndrome miccional

riñon¿Qué es el síndrome miccional?

El síndrome miccional lo constituyen una serie de trastornos más o menos intensos de la micción, que sobrevienen bruscamente. Se trata de un conjunto de síntomas irritativos que pueden ser los siguientes: 

  • Disuria: Dolor al orinar.
  • Polaquiuria: Deseo frecuente de orinar.
  • Tenesmo vesical: Urgencia miccional.
  • Estranguria: Escozor intenso tanto durante la emisión de orina como después.
  • Dolor o peso en el hipogastrio (parte inferior del vientre).

Causas. ¿Qué lo produce y cómo se produce?

El síndrome miccional puede ser producido por una inflamación de causa infecciosa o no, en cualquier localización del tracto urinario. El hecho de que la infección sea la causa más frecuente, hace que éstos términos se utilicen como sinónimo de infección en sus respectivos órganos:

  • Cistitis (ver documento relacionado): inflamación de la vejiga.
  • Uretritis: inflamación de la uretra.
  • Vulvo-vaginitis: inflamacion de vulva y/o vagina.
  • Prostatitis: inflamación de la próstata.
  • Pielonefritis: inflamación del parénquima o tejido renal.                   
  • Orquiepididimitis: inflamación de los testículos.
  • Las causas no infecciosas incluyen procesos como los siguientes:
  • Irritantes físicos o químicos: el uso de jabones alcalinos, desodorantes no adecuados etc.
  • El uso de algunos fármacos, por ejemplo, las sulfamidas.
  • El déficit de estrógenos, habitual en la postmenopausia.
  • La emisión de orina muy concentrada: deshidrataciones, fiebre elevada.
  • Estados de ansiedad.
  • Cáncer localizado en la vejiga.

Aunque todo esto puede parecer complejo y asustar un poco, en la práctica, lo normal es que el síndrome miccional venga determinado por una infección de las vías urinarias bajas (cistitis o uretritis). Se estima que un 20% de las mujeres sufre un episodio de este tipo a lo largo de su vida.

El mecanismo habitual de producción es el ascenso de gérmenes desde el meato urinario (la entrada de la uretra) hasta la vejiga. En condiciones normales la orina y las vías urinarias son estériles y sólo la parte final de la uretra está colonizada por gérmenes. En la mujer, la uretra es corta y permite el paso de gérmenes hacia la vejiga con más facilidad, especialmente durante el coito. En el varón, la uretra tiene mayor longitud y además, la próstata normal segrega una substancia de efecto bactericida, ambas cosas dificultan el ascenso de los gérmenes, por lo que las infecciones en ellos, son menos frecuentes y suelen deberse a sondajes vesicales, anomalías urológicas o prostatitis.

Manifestaciones clínicas. ¿Cuándo sospechar?

Las manifestaciones clínicas de éste síndrome, están implícitas en su definición. No obstante, debemos recordar que cuando de forma repentina se comienza con dolor al orinar, "ganas" de orinar reiteradamente, necesidad de micción imperiosa, incluso con sensación de incontinencia, escozor durante y después del vaciamiento de la vejiga, sensación de peso o molestias en la parte inferior del vientre, es preciso acudir a su médico general.

Es posible, que a todo lo anterior se sumen en ocasiones, otros síntomas como, alteración del estado general, fiebre y/o vómitos; en estos casos se puede pensar en un cuadro de pielonefritis o prostatitis aguda que requieren atención médica de urgencia.

Diagnóstico. ¿Cómo saber o confirmar?

Para la confirmación de una infección urinaria de vías bajas, que como hemos dicho antes es lo más frecuente, o de cualquier otro diagnóstico, es preciso acudir al médico, el cual realizará:

Un breve interrogatorio, acerca de los síntomas, su forma de inicio y la evolución, características de la orina, existencia o no de secreción uretral, conducta sexual del paciente y existencia o no de síntomas generales.

Una exploración física, con toma de tensión arterial, pulso, temperatura, palpación abdominal y percusión lumbar. A esto, en los varones se añadirá un tacto rectal, examen genital y expresión de la uretra (para ver si hay o no exudado). En las mujeres, la exploración genital sólo es necesaria cuando hay síntomas vaginales o incapacidad de la paciente para diferenciar síntomas vaginales/urinarios y ante la sospecha de una enfermedad de transmisión sexual.

Algunas exploraciones complementarias. Son fundamentales el examen de una muestra de orina, o del sedimento obtenido en el laboratorio por centrifugación de ésta, y la práctica de un urocultivo, que es imprescindible, para establecer el diagnóstico de certeza de una infección, identificar el germen que la produce y conocer su sensibilidad a los diferentes antibióticos.

Cuando no se dispone de un laboratorio, por ejemplo, en la consulta del médico general, se realiza un examen introduciendo una tira reactiva en la muestra de orina (está demostrado que es un buen método para predecir las infecciones de orina y nos permite ganar tiempo) aunque se soliciten también al laboratorio de referencia las pruebas anteriores.

Según el cuadro, el médico valorará la solicitud de otras pruebas como:

  • Hemograma.
  • Creatinina.
  • Estudio de la vía urinaria: ecografía o/y urografía intravenosa.
  • Cultivo del exudado uretral, si existe.
  • Cistoscopia.

Generalmente, estas últimas exploraciones sólo son necesarias cuando se sospecha una obstrucción de las vías urinarias, un problema hereditario, una malformación anatómica o ante episodios frecuentes y reiterados. 

Tratamiento. ¿Cómo se soluciona?

Lo ideal es iniciar cuanto antes el tratamiento de una infección urinaria, cualquiera que ésta sea, sobre todo, para evitar que la infección ascienda por el tracto urinario y afecte a órganos importantes como el riñón (pielonefritis).

El tratamiento de las infecciones urinarias recidivantes en la mujer, tiene varias posibilidades:

El tratamiento del primer episodio

Es fundamental para evitar las recidivas. Por lo que hay que usar antibióticos que alcancen buena concentración en orina y controlar su eficacia con cultivo y antibiograma.

El tratamiento en caso de alteración anatómica o funcional

Consistirá en corregir dichas alteraciones o los hábitos favorecedores de la infección, como una higiene deficitaria.

El tratamiento en el caso de que haya menos de tres episodios/año

Se aconseja tratar cada uno de ellos de forma aislada, no es recomendable la dosis única y se debe mantener el antibiótico durante 5-7días.

El tratamiento cuando hay más de tres episodios/año

En este caso está indicada la profilaxis o prevención de nuevos brotes, porque es evidente que en este caso hay alguna peculiaridad que favorece la reinfección. En esta profilaxis antibiótica, la terapia debe mantenerse al menos durante seis meses y el antibiótico elegido debe alcanzar niveles altos en orina y ser bien tolerado. La prevención con el antibiótico elegido se puede realizar de tres formas diferentes:

Profilaxis coital: Dado que muchas mujeres relacionan la presentación de los síntomas de infección con las relaciones sexuales (cistitis de la luna de miel). Consiste en tomar una dosis del antibiótico seleccionado antes de mantener relaciones sexuales.

Profilaxis con terapia supresiva nocturna. Está indicada en las mujeres que no relacionan su infección urinaria con las relaciones sexuales. Consiste en administrar el antibiótico cada noche antes de acostarse, durante largos periodos de tiempo y con un periodo libre de infección de seis meses antes de suspender la toma. Se realizarán cultivos trimestrales para control (recogiendo la orina a última hora de la tarde, para que no haya antibiótico en ella).

La autoterapia

Más que un tratamiento profiláctico es un tratamiento precoz. Se trata de que la paciente, al detectar los primeros síntomas de infección y previa recogida de una muestra de orina para cultivo, inicie empíricamente el tratamiento.

El tratamiento en el caso de mujeres postmenopaúsicas

Éstas presentan por su situación hormonal un aumento del pH vaginal y la desaparición de la flora habitual de la vagina (Lactobacillus). Se requiere, además de la terapia antibiótica, la aplicación de estrógenos tópicos (en pomada) intravaginales, con lo que se reduce notablemente la frecuencia de los episodios.

Prevención y factores de . ¿Cómo lo evito?

Hay que seguir siempre unas medidas generales:

Lavar frecuentemente los genitales y la zona anal con un jabón suave y agua (siempre "de delante hacia atrás").

El cambio a diario de ropa interior.

Beber abundantes líquidos, para que la orina esté más diluida.

Realizar micciones frecuentes.

Defecar a diario, lo que disminuye la reproducción de microorganismos en la ampolla rectal y la contaminación de la zona perineal (región desde la vagina hasta el ano).

En la prevención se debe considerar también la existencia de factores de riesgo modificables como el cambio de método contraceptivo, si se usa diafragma o espermicida, y evitar el uso de productos irritantes (jabones, desodorantes, compresas perfumadas etc.).

En caso de infecciones en relación con las relaciones sexuales se aconseja una micción inmediata tras cada coito, para expulsar los gérmenes fuera de la uretra y utilizar un lubricante soluble en agua antes de la relación, para que sea menos traumática. No usar vaselina ya que no es soluble en agua. Las mujeres postmenopáusicas con atrofia vaginal, pueden utilizar pomadas de estrógenos de forma local.

Con todo esto vamos a disminuir el riesgo de padecer una infección urinaria de vías bajas, o cuando menos el número de episodios de la misma.

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