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Salud de la boca

Hábitos perjudiciales para los dientes

Hábitos perjudiciales para los dientesHábitos perjudiciales para los dientes durante la infancia

En este artículo vamos a hablar de una serie de hábitos que se producen durante la infancia y que son frecuentes en muchos niños. Muchos de estos hábitos pueden suponer un problema en el momento en el que se producen, o dar problemas a largo plazo durante el crecimiento del niño.

Para empezar podemos definir un hábito como una acción del individuo que, de forma voluntaria o involuntaria se ve repetido hasta persistir por sí mismo, llegando a transformarse en una acción automática o inconsciente, y pudiendo ser reflejo o no a ciertas situaciones.

En este artículo vamos a explicar y desarrollar los hábitos que tienen una mayor incidencia en los niños y las repercusiones que tienen éstos sobre la dentición ó estructuras orales.

Ciertos hábitos pueden actuar como factores causales del desarrollo de ciertas maloclusiones donde pueden verse influidos el crecimiento óseo y el desarrollo dentario, pudiendo esta maloclusión estar potenciada o aliviada según el tipo facial del individuo.

Algunos hábitos, pueden tener base en alteraciones de índole muscular, en la forma y la estructura de los músculos. En la mayoría de los casos, no son un condicionante de éstos hábitos, aunque si se verán afectados de forma secundaria.

Los hábitos más frecuentes los podemos clasificar en dos grupos en función de la estructura oral que alteren:

Hábitos que producen maloclusión y alteración de los tejidos duros: succión digital; succión labial; succión del chupete; apretamiento o rechinamiento de dientes; respiración bucal.

Hábitos que producen patología de la mucosa oral: mordisqueamiento; hábitos automutilantes (morder lápices, bolis, uñas...); cepillado excesivo; respiración bucal.

HÁBITOS QUE ALTERAN LOS TEJIDOS DUROS O PROVOCAN MALOCLUSIÓN

Succión digital

La succión digital es un hábito muy frecuente, que se inicia durante el primer año de vida del niño y continua hasta aproximadamente los tres o cuatro años de edad. Cuando este hábito persiste más allá de estas edades se considera como un signo de ansiedad o inestabilidad ó un deseo de llamar la atención, que puede tener repercusiones tanto en el entorno social del niño como a nivel orgánico, pudiendo producir modificaciones en la posición de los dientes y en la relación de las arcadas dentarias.

Pueden succionarse uno o más dedos, aunque lo más frecuente es la succión del pulgar, apoyando la yema del dedo sobre la zona retroincisiva superior, y dirigiendo la uña hacia el suelo de la boca. En cuanto a la mano, no existe predilección por ninguna de las dos en concreto y cualquiera puede ser la favorita.

Las alteraciones a nivel orgánico pueden ser deformidades de los dedos que se succionan y además puede repercutir en la posición de los dientes, en la forma de las arcadas y como consecuencia sobre las relaciones intermaxilares, pudiendo dar lugar todo ello a alteraciones en la masticación, el habla y la estética del niño. Esto puede dar lugar a una mordida abierta anterior, más pronunciada en el lado donde se succiona el dedo, y también a un paladar estrecho por la presión del músculo buccinador (mejillas). A nivel social la succión digital puede interferir en la relación del niño, ya que a veces puede ser motivo de crítica, rechazo o incluso de castigo.

Los efectos de la succión digital van a estar en función de la duración del hábito, ya que si se elimina antes de los tres años los efectos son mínimos y desaparecen espontáneamente. También dependen de la frecuencia con la que el niño se chupa el dedo, de la intensidad del hábito y de la posición del dedo.

En cuanto al tratamiento es importante eliminar el hábito de forma eficaz y temprana, ya que de esta forma las alteraciones que se hayan podido producir como consecuencia del mismo tenderán a desaparecer espontáneamente. Pero además debemos averiguar el por qué de ese hábito para poder prevenir una recidiva.

Podemos aplicar diferentes medidas para evitar la succión digital, dependiendo de la edad del niño: - en niños menores de 3 años, los padres son los encargados de conseguir que el niño abandone el hábito, para ello se les puede impregnar el dedo con una sustancia desagradable, vendarle el dedo, colocarle un guante en la mano que succiona el dedo y premiar el abandono del hábito.

En los niños de 3 a 6 años nos podemos ayudar de aparatos bucales si persiste el hábito, podemos colocar una rejilla lingual fija o removible según el grado de cooperación que esperemos del niño (esta rejilla evita que el niño pueda meter el dedo en la boca).

En los niños de más de seis años además de la aparatología para evitar el hábito, se puede utilizar tratamiento ortodóncico para corregir las anomalías que ha producido el hábito. 

Succión labial

Es un hábito que se presenta en las maloclusiones que se acompañan de un gran resalte incisivo (los niños con mucho espacio horizontal entre los dientes anteriores superiores e inferiores), aunque a veces aparecen como una variante ó una sustitución de la succión digital.

Lo más frecuente es que el niño interponga el labio inferior de forma repetida entre los incisivos superiores e inferiores, dando como resultado una mayor inclinación de los incisivos superiores hacia delante e inclinación de los incisivos inferiores hacia detrás. También dan como resultado una mordida abierta anterior (no contacto vertical entre los incisivos superiores e inferiores).

Para conseguir que el niño deje de interponer el labio inferior entre los incisivos se pueden utilizar una serie de aparatos como una pantalla vestibular, que no es más que una lámina de resina acrílica colocada por detrás de los labios desde la parte superior hasta la inferior. Es muy efectivo para rehabilitar la función labial ó eliminar el hábito de succión del labio inferior. También existe el arco labial o paralabios que es un aparato fijo que también consigue evitar la interposición del labio inferior entre los incisivos superiores e inferiores y además alivia la presión del músculo buccinador y el labio inferior sobre la dentición.

Succión del chupete

El uso del chupete es frecuente en la mayoría de los niños menores de dos años. Durante la dentición de leche el uso continuado del chupete puede producir alteraciones dentales. Produce mordida abierta anterior (como en los hábitos anteriores) y también paladar más estrecho con mordida cruzada posterior por un incremento de la actividad de la musculatura de las mejillas y por desplazamiento de la lengua hacia detrás y hacia abajo, que hace que disminuya el soporte y la presión lingual a nivel de caninos y molares temporales.

Es importante informar a los padres de los problemas que podrían derivarse de un uso persistente del chupete, pero también debemos tener en cuenta que la eliminación del chupete antes de tiempo puede suponer la adopción por parte del niño de otros hábitos como por ejemplo la succión digital o labial. También conviene advertir a los padres sobre los efectos nocivos que puede tener el hecho de que el niño duerma con un chupete mojado en una sustancia azucarada: la caries de biberón.

Además el niño muchas veces al ir creciendo identifica el chupete como un objeto propio de niños más pequeños o de bebes y lo rechaza.

Bruxismo

El bruxismo es una actividad parafuncional diurna y/o nocturna en la que existe un hábito de apretamiento, rechinamiento, roce abrasivo de las arcadas dentarias. Se produce de manera inconsciente y fuera de los movimientos funcionales de la masticación y la deglución.

El desarrollo de signos y síntomas depende de la frecuencia, duración e intensidad del bruxismo, y de la calidad de los tejidos expuestos. Puede dar como consecuencia desgaste dentario, hipersensibilidad dentaria, movilidad dentaria, fracturas de dientes o restauraciones, pérdida de piezas dentales, disminución de la apertura bucal, dolor en los músculos masticatorios, aumento del tamaño de los músculos masticatorios, dolor en la articulación temporomandibular, dolor facial, dolor de cabeza , cuello y espalda...

A pesar de ser un trastorno frecuente y tener severas consecuencias, muchas personas no son conscientes de sufrirlo, especialmente si es bruxismo nocturno, ya que los individuos que muestran este comportamiento únicamente pueden llegar a conocer la existencia a través de informes de otras personas. Parece ser que se produce con mayor frecuencia en sujetos con alteraciones del sistema nervioso central, síndrome de Down, o sujetos retrasados institucionalizados.

El bruxismo puede estar producido por factores sistémicos como los parásitos intestinales, deficiencias nutricionales, alergias, transtornos endocrinos, maloclusión; o por factores psicológicos como el estrés.

El tratamiento puede ser a nivel odontológico y a nivel conductual, o combinando ambos. En el tratamiento odontológico se trataría de tratar aquellas alteraciones que hemos dicho produce el bruxismo y en el tratamiento conductual se trata de eliminar el hábito por ejemplo con técnicas de relajación.

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