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Salud familiar

Cultura del masaje de los españoles

Cultura del masaje de los españolesCada vez más personas en España incluyen los masajes en su rutina de bienestar, y no solo para “darse un capricho”. En las grandes ciudades, reservar una sesión es casi tan común como ir al gimnasio, mientras que en los pueblos sigue siendo un gesto más puntual, pero muy valorado. 

Las razones son distintas, y también lo son las costumbres, los precios y hasta las técnicas preferidas. Explorar esta diferencia es asomarse a dos formas de entender el bienestar: una más acelerada y diversa, y otra más cercana y práctica.

Masajes en grandes ciudades

En las ciudades grandes, la vida corre deprisa y la oferta de masajes lo refleja. En lugares como Madrid o Barcelona, las sesiones de relajación rápida (esas de 30 o 60 minutos) se han convertido en un refugio entre reuniones, tráfico y pantallas. Mucha gente sale de la oficina directa a la camilla para desconectar un rato y “reiniciar” el cuerpo. No es casualidad que los masajes suecos o tailandeses adaptados sean de los más solicitados: combinan técnica eficaz con la sensación inmediata de alivio.

Pero no todo es relax. Los masajes descontracturantes y deportivos tienen una presencia enorme en los centros urbanos, sobre todo en barrios donde la gente hace deporte con regularidad. Es habitual ver acuerdos entre gimnasios y centros de masaje para atender a corredores, ciclistas o aficionados al CrossFit que necesitan descargar músculos después de entrenar. La demanda se mantiene constante durante todo el año y aumenta cuando se acercan eventos deportivos importantes.

También crecen con fuerza los tratamientos más especializados: drenaje linfático, ayurveda, piedras calientes, masajes prenatales… Aquí influye tanto la presencia de turismo internacional como la búsqueda de experiencias únicas. Muchos centros urbanos se inspiran en spas de lujo para ofrecer rituales más completos que van más allá del masaje tradicional.

Valencia es un buen ejemplo de cómo se entrecruzan estas tendencias. “Su clima invita a la actividad física al aire libre y su maratón atrae a corredores de todo el mundo, lo que explica el protagonismo de los masajes deportivos y de descarga”, nos dicen los responsables del directorio de anuncios clasificados de masajistas en Valencia MilMasajes

Al mismo tiempo, el centro histórico está lleno de espacios que ofrecen técnicas ayurvédicas o tailandesas a un público curioso y cada vez más abierto. “Valencia tiene un equilibrio interesante: conserva precios más accesibles que Madrid, pero su oferta es tan variada como la de una gran capital”, nos aclaran desde MilMasajes, portal líder de anuncios clasificados de masajistas en Valencia.

Masajes en pequeñas localidades

En los pueblos y localidades más pequeñas, la escena es muy distinta. La mayoría de la gente acude al masaje cuando el cuerpo lo pide, no tanto como parte de una rutina semanal. Los descontracturantes y deportivos son los reyes aquí, especialmente entre personas que trabajan en sectores exigentes físicamente como la agricultura, la hostelería o la construcción. No buscan una experiencia de spa, sino aliviar tensiones reales y recuperar movilidad.

La relación con el terapeuta suele ser personal y duradera. Es común que las mismas personas acudan a lo largo de los años al mismo profesional, confiando en su técnica y trato cercano. No se necesita un gran despliegue de marketing ni una ambientación sofisticada: lo que importa es que funcione. Las reservas suelen hacerse por teléfono o en persona, y los precios son bastante estables.

Formas de reservar y precios

La forma de reservar también dice mucho. En las ciudades casi todo se gestiona online: buscadores, aplicaciones, redes sociales… La reputación digital pesa muchísimo. Las reseñas en Google o en plataformas especializadas pueden determinar si un centro está lleno o vacío. Además, muchos ofrecen bonos, membresías y experiencias combinadas que mezclan masaje con sauna, exfoliaciones o aromaterapia.

En los pueblos, en cambio, el “boca a boca” sigue mandando. La gente reserva directamente con el terapeuta de confianza, sin intermediarios digitales. La ambientación suele ser más sencilla, pero el trato es más personal y constante. La fidelidad es muy alta: una vez encuentran a “su” masajista, rara vez cambian.

Los precios en las ciudades pueden variar mucho: un masaje relajante estándar puede costar entre 45 y 80 euros, y uno especializado superar fácilmente los 100 en centros de alto nivel. En pueblos, las tarifas se mantienen más uniformes, entre 30 y 45 euros, sin grandes fluctuaciones. 

Las temporadas también marcan la demanda: en las urbes, los picos coinciden con Navidad y verano; en zonas rurales, se concentran cuando baja la carga de trabajo agrícola o en periodos festivos.

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