Tatuarse es una experiencia emocionante, pero también puede resultar dolorosa según el tamaño del tatuaje que se quiera hacer, la zona del cuerpo en la que se quiera lucir y el umbral del dolor que cada uno pueda tener.
Aunque cada persona experimente unas sensaciones distintas al hacerse un tatuaje, normalmente sí hay consenso en afirmar que, más o menos, el proceso de tatuarse puede resultar molesto. Pero existen maneras de aplacar ese dolor y de olvidarse por completo de la ansiedad que genera el miedo a experimentarlo.
Elige una zona menos sensible. Algunas partes del cuerpo son más dolorosas que otras. Zonas cercanas al hueso, como el tobillo, o la piel muy fina, como las costillas, suelen doler más. Si es tu primer tatuaje, piensa si prefieres lucirlo en áreas menos sensibles: la parte superior del brazo, el muslo o la espalda alta. Con piel más gruesa y músculo debajo, el pinchazo se tolera mejor.
Mantén la piel hidratada días antes. Una piel bien cuidada aguanta mejor el pinchazo de la aguja. Hidrata la zona con crema neutra (sin fragancias ni irritantes) durante una semana antes. Evita exposiciones largas al sol y no apliques bronceadores o aceites que alteren la superficie de la piel.
Descansa y aliméntate bien antes de la cita. El cansancio y el hambre pueden bajar tu umbral del dolor. Duerme al menos siete u ocho horas la noche anterior. Come de forma equilibrada para que a la piel no le falten nutrientes, no sufra de sequedad y mantenga su elasticidad. Opta por comida ligera pero nutritiva: proteínas magras, carbohidratos complejos y fruta. Lleva también un tentempié para la pausa, por si tu sesión es larga.
Controla tu respiración y tu mente. Concentrarte en la respiración ayuda a relajar el cuerpo. Inhala por la nariz durante unos segundos y exhala despacio por la boca. Practica respiraciones profundas antes y durante el tatuaje. Si tu mente se centra en el pinchazo, el dolor se amplifica. Enfócate en algo relajante: conversa con el tatuador, escucha música o utiliza auriculares con tu playlist favorita.
Usa distracciones sencillas. Lleva algo que te ayude a desconectar: tu teléfono para ver vídeos cortos, un libro de bolsillo, o incluso una pelota antiestrés. Romper la atención en el dolor hace que la sensación sea menos intensa.
Aplica compresas frías. Antes de comenzar, pide al tatuador una compresa fría sobre la piel. El frío reduce la inflamación inicial y adormece ligeramente la zona. No sobrecargues con hielo directamente: envuélvelo en un paño limpio para evitar quemaduras por frío.
Escoge un tatuador con experiencia. La técnica del profesional influye mucho en la intensidad del dolor. Un tatuador hábil mueve la aguja con fluidez y aplica la presión justa, con lo que el proceso es más rápido y menos traumático. Investiga su portafolio, lee reseñas y pregunta a conocidos si recomiendan su trabajo.
Divide el diseño en varias sesiones. Si tu tatuaje es grande o muy detallado, valora fraccionarlo en dos o más citas. Así evitas exposiciones prolongadas al dolor y permites a tu piel recuperarse entre sesiones. Además, podrás ver el resultado parcial y hacer ajustes si lo deseas.
Mantén una buena postura. Cambiar de posición cada cierto tiempo evita la rigidez muscular. Si estás cómodo, los músculos se relajan y la piel cede mejor. Habla con el tatuador para encontrar posturas alternas que faciliten el acceso al dibujo sin forzar tu cuerpo.
Recurrir a la anestesia para tatuajes. El remedio más eficaz para no sentir dolor durante un tatuaje es recurrir a la anestesia para tatuajes. Gracias al servicio de anestesia ambulatoria de Sedalux, es posible hacerse un tatuaje sin dolor como parte de la SedExperience, que tiene en cuenta todo lo que puedas necesitar antes, durante y después de tu visita al estudio.
Sedalux es pionera en el uso de la anestesia en intervenciones ambulatorias fuera del hospital, y cuenta con un equipo de profesionales altamente cualificados que se encargan de todas las fases del proceso para que la aplicación de la anestesia sea segura y eficaz.
Limpia y seca la zona correctamente. Para prevenir infecciones —que empeoran el dolor— limpia suavemente con agua tibia y un jabón neutro. Seca dando golpecitos suaves con una toalla limpia. No frotes ni arrastres la piel.
Aplica crema específica de cicatrización. Usa una pomada recomendada por el tatuador o por un profesional sanitario. Estas cremas hidratan y crean una barrera protectora. Aplícala en capas finas, sin exagerar la cantidad.
Evita exponerlo al sol y al agua contaminada. El sol directo reseca la piel y puede decolorar tu tatuaje. Usa ropa que cubra la zona o protector solar de factor alto (tras la fase inicial de costra). Evita piscinas, saunas y bañeras durante al menos dos semanas, ya que el cloro y las bacterias pueden irritar y doler más.
No rasques ni te quites las costras. Es normal que se formen costras ligeras. No las arranques: al desprenderlas prematuramente podrías abrir la herida y aumentar el dolor. Deja que se caigan solas. Si pican, aplica una gota extra de crema cicatrizante.
Mantén la zona limpia y ventilada. Los vendajes o film plástico protegen al principio, pero a las pocas horas conviene descubrir el tatuaje para que respire. Procura llevar ropa holgada que no roce y cámbiala si se humedece.
Utiliza compresas frías y analgésicos suaves. Para el dolor moderado, las compresas frías alivian el hormigueo y la hinchazón. Envuelve un par de cubitos de hielo en un paño limpio y presiona suavemente durante 5–10 minutos. Si el dolor es más intenso, puedes tomar paracetamol o ibuprofeno según dosis recomendadas. Consulta al médico si tienes dudas o si padeces afecciones crónicas.
Evita esfuerzos físicos y sudoración excesiva. El ejercicio intenso incrementa la circulación y la sudoración, lo que puede irritar la herida y aumentar el dolor. Espera entre 3 y 5 días antes de retomar tu rutina de entrenamiento, y privilegia ejercicios ligeros que no tensionen la zona tatuada.