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Dermatología

Celulitis bacteriana

Celulitis bacterianaMuchas personas relacionan la celulitis con una acumulación de tejido adiposo en algunas zonas del cuerpo, dando lugar a lo que se conoce popularmente como “piel de naranja”. Sin embargo, existe también otro tipo de celulitis, de carácter infeccioso, que resulta mucho más peligrosa y se caracteriza por una inflamación de la epidermis y otros tejidos subcutáneos. Generalmente, esta patología es causada por un agente bacteriano, capaz de provocar estados febriles, enrojecimiento y dolor en la zona afectada.

Factores de riesgo

La celulitis bacteriana surge a partir de una infección, en la mayoría de los casos provocada por bacterias de tipo estafilococo y estreptococo.

Algunos de los factores de riesgo más comunes para esta enfermedad son:

- Sistema inmunitario deprimido (muy común en las personas de edad avanzada)

- Picaduras de insectos, mordeduras de animal, heridas superficiales provocadas por una caída que no han sido debidamente desinfectadas.

- Enfermedades que afectan al sistema inmunitario como el SIDA y algunos medicamentos inmunodepresores.

- Patologías virales como el herpes zóster y la varicela.

- Edemas, eczemas, quemaduras, várices y otras enfermedades vinculadas al sistema circulatorio.

- Cirugías recientes

- Diabetes

Cada uno de estos escenarios puede ser favorable al desarrollo de bacterias y algunos hongos que al entrar en contacto con la piel, comienzan a proliferar e invadir las capas transversales y longitudinales de la piel, dando lugar a síntomas peligrosos y que requieren de tratamiento inmediato. Las zonas más comúnmente afectadas por la celulitis infecciosa, son aquellas que permanecen al descubierto, como por ejemplo, las piernas, el rostro, los tobillos y los ojos.

Cuadro clínico

Ante un caso de celulitis bacteriana, nuestro sistema inmunitario tratará de responder a la infección, causando estados febriles, escalofríos y sudores comunes. El aumento de la temperatura corporal es un claro indicio de que nuestro organismo está lidiando contra las bacterias que intentan penetrar la piel.

Además de lo anterior, es muy habitual la presencia de enrojecimiento en la zona afectada, inflamación y dolor a la palpación (la inflamación puede tomar varios días o unas pocas horas para desarrollarse). Nuevamente, algunas células pertenecientes al sistema inmune, como los macrófagos, producen sustancias para combatir la infección que irritan e inflaman la región. Muchas veces, la celulitis infecciosa puede provocar erupciones cutáneas, endurecimiento de la piel y retención de líquidos.

En los casos más avanzados de esta enfermedad, el paciente experimentará una pérdida de pelo progresiva y cierta dificultad para ejecutar movimientos articulares.

Tratamientos para la celulitis bacteriana

En la mayoría de las ocasiones, la celulitis bacteriana puede ser tratada mediante el uso de antibióticos por vía oral. Este tipo de medicamentos se recetan por un espacio de 10 días, o incluso más, en dependencia de la gravedad de la infección (fuente:ElPais). En algunos casos, el tratamiento incorpora además la suplementación de antipiréticos y antinflamatorios. Elevar las piernas para evitar la concentración de sangre y el reposo relativo es también otro de los remedios más utilizados para esta enfermedad.

Cuando los antibióticos vía oral no evidencian una mejoría en las próximas 48 a 72 horas, el especialista médico podrá optar por el uso de antibióticos vía intravenosa. Ante la formación de un absceso, se recurrirá a la intervención quirúrgica para drenar el pus. En cualquier caso, la revisión médica periódica es determinante, ya que la infección puede alcanzar otras zonas de nuestro organismo, y provocar enfermedades más graves como fascitis necrotizante, osteomielitis o tromboflebitis, esta última capaz de propiciar la formación de coágulos en el torrente sanguíneo.

Prevención y diagnóstico

Cuando los síntomas de la celulitis bacteriana se desatan, es de vital importancia acudir al médico, ya que este analizará el estado de la enfermedad, y podrá determinar el origen bacteriano de la misma a través de un hemocultivo. No obstante, aunque los tratamientos existentes son bastante efectivos en la erradicación de esta patología, existen algunas medidas de prevención que podemos poner en práctica para evitar su aparición.

En primer lugar, es importante mantener una dieta saludable y rica en nutrientes. El uso de cremas hidratantes y productos que protejan nuestra piel también puede considerarse un modo de prevención efectivo. Lavarse las manos con frecuencia (especialmente cuando llegamos a casa, manipulamos objetos sucios, etc.), y evitar la aparición de heridas superficiales, son elementos básicos para mantener nuestro organismo libre de infecciones.

En caso de que experimentemos una lesión en nuestra piel (mal corte de uñas, rascado excesivo, etc.), debemos procurar una buena higiene en la zona afectada, limpiando y curando la herida frecuentemente y cambiando las vendas cada vez que se ensucien o se mojen.

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