El uso de móviles, tabletas, televisión y videojuegos forma parte del día a día de la mayoría de las familias. Sin embargo, el tiempo de pantallas en niños y adolescentes se ha disparado en los últimos años, y con ello han aumentado las preocupaciones sobre su impacto en el sueño, la atención, el desarrollo emocional y la salud física.
Regular el tiempo de pantallas no significa prohibir la tecnología, sino aprender a usarla de forma consciente, segura y adecuada a la edad. Establecer límites claros desde los primeros años y ofrecer alternativas atractivas es clave para un desarrollo sano.
Por qué importa regular el tiempo de pantallas
El cerebro infantil está en pleno desarrollo y es especialmente sensible a los estímulos constantes de las pantallas. Un uso excesivo o inadecuado puede asociarse a:
- Alteraciones del sueño: dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos o sueño de mala calidad, sobre todo cuando se usan pantallas antes de dormir.
- Problemas de atención y concentración: la exposición constante a contenidos rápidos puede dificultar la capacidad de mantener la atención en tareas más lentas como la lectura o el estudio.
- Impacto en el desarrollo emocional y social: menos tiempo de juego libre y de interacción cara a cara puede limitar el aprendizaje de habilidades sociales y de regulación emocional.
- Riesgo de sedentarismo y sobrepeso: más horas sentado se relacionan con menor actividad física y mayor riesgo de obesidad infantil.
- Mayor exposición a contenidos inadecuados: violencia, mensajes de odio, publicidad excesiva o idealización del cuerpo y del éxito.
El objetivo no es demonizar las pantallas, sino acompañar y enseñar a los niños a utilizarlas como una herramienta más, sin que desplacen el juego activo, el descanso y la convivencia familiar.
Recomendaciones de tiempo de pantallas según la edad
Las principales sociedades pediátricas y de salud infantil proponen orientaciones generales que pueden adaptarse a cada familia. No se trata de reglas rígidas, sino de guías para tomar decisiones informadas.
0 a 2 años: evitar pantallas, salvo videollamadas
En los primeros dos años de vida el niño aprende sobre todo a través del contacto directo: mirar caras reales, escuchar voces cercanas, tocar objetos, moverse y explorar. Por eso se recomienda:
- Evitar el uso de pantallas en menores de 18-24 meses, salvo las videollamadas para mantener el contacto con familiares, siempre con la supervisión del adulto.
- No usar pantallas para calmar al bebé de forma sistemática (para comer, dormir o dejar de llorar), ya que puede dificultar que aprenda a autorregularse.
- Priorizar el vínculo: brazos, canciones, cuentos, juegos de escondite, balbuceos y contacto visual.
Si es inevitable que el niño vea alguna pantalla (por ejemplo, porque hay hermanos mayores), es importante que sea algo momento puntual, sin volumen alto y que el adulto interactúe con él explicando qué ve.
2 a 5 años: máximo 1 hora al día, siempre acompañados
Entre los 2 y los 5 años las pantallas pueden introducirse de forma limitada y muy supervisada. Las recomendaciones habituales son:
- Tiempo total de pantallas recreativas: idealmente no más de 1 hora al día.
- El contenido es más importante que el tiempo: elegir programas, vídeos o aplicaciones de calidad, adaptadas a su edad, sin violencia y con mensajes positivos.
- Uso siempre acompañado: ver dibujos o jugar con el niño, comentar lo que está pasando, hacer preguntas (“¿qué crees que va a pasar ahora?”) para favorecer el lenguaje y el pensamiento.
- Evitar pantallas durante las comidas y al menos 1 hora antes de dormir.
A estas edades conviene priorizar otras actividades: juego simbólico (cocinitas, muñecos), construcciones, plastilina, leer cuentos, ir al parque, correr, saltar y relacionarse con otros niños.
6 a 9 años: entre 1 y 1,5 horas al día, con normas claras
Con la escolarización aumentan las ocasiones para utilizar pantallas, también con fines educativos. Para mantener un equilibrio saludable se sugiere:
- Tiempo de ocio con pantallas: 1 a 1,5 horas al día, sin contar el tiempo estrictamente escolar o de tareas.
- Definir horarios: por ejemplo, después de hacer los deberes y antes de la cena, evitando el uso nocturno.
- Pantallas fuera del dormitorio: usar el ordenador, la tableta o la consola en zonas comunes de la casa.
- Intercalar descansos cada 20-30 minutos para levantarse, estirar las piernas y cambiar de postura.
- Empezar a hablar de seguridad digital: no compartir datos personales, no hablar con desconocidos, pedir ayuda si algo les incomoda.
Es un buen momento para introducir videojuegos cooperativos o actividades digitales que requieran pensar, crear o resolver problemas, no solo ver contenidos pasivos.
10 a 12 años: hasta 2 horas al día y mayor supervisión de contenidos
La preadolescencia suele coincidir con la aparición de redes sociales, chats y videojuegos en línea. Las recomendaciones frecuentes incluyen:
- Tiempo de ocio con pantallas: hasta 2 horas al día, intentando reservar espacios libres de pantallas durante la tarde o el fin de semana.
- Reglas claras sobre dispositivos personales: a qué edad se permite tener móvil propio, en qué horarios puede usarse y cuándo debe dejarse fuera de la habitación.
- Supervisión activa de redes sociales y juegos: conocer qué usan, cómo funciona, con quién interactúan.
- Fomentar el pensamiento crítico: hablar sobre publicidad, modelos de belleza irreales, noticias falsas y presión social.
En esta etapa es importante acompañar, más que controlar únicamente el tiempo. Saber qué hacen, cómo se sienten y qué lugar ocupa lo digital en su día a día ayuda a detectar hábitos problemáticos a tiempo.
Adolescentes: más autonomía, pero límites firmes
En la adolescencia las pantallas son una herramienta central para la socialización, el estudio y el ocio. No es realista pretender que las dejen de usar, pero sí es posible:
- Negociar un tiempo total razonable de uso recreativo (idealmente no más de 2-3 horas diarias), adaptado a periodos de exámenes o vacaciones.
- Garantizar al menos 8 horas de sueño, evitando pantallas en la cama y reduciendo su uso al menos 1 hora antes de dormir.
- Establecer zonas y momentos sin pantallas (por ejemplo, comidas familiares, reuniones, paseos, antes de clase).
- Hablar abiertamente de riesgos: ciberacoso, sexting, retos virales peligrosos, acceso a contenidos extremos o adictivos.
El reto es acompañar para que aprendan a autorregularse: enseñarles a escuchar señales de cansancio, a desconectarse cuando algo les hace daño y a equilibrar su vida online con la vida fuera de la pantalla.
Señales de alerta: cuándo el tiempo de pantallas es excesivo
No solo importa cuántas horas pasan frente a la pantalla, sino también cómo afecta a su vida diaria. Conviene consultar con un profesional si se observan:
- Alteraciones del sueño: se acuestan muy tarde por estar conectados, se despiertan por notificaciones, están irritables o somnolientos durante el día.
- Descenso del rendimiento escolar o dificultad para concentrarse en tareas sin pantalla.
- Abandono de actividades que antes disfrutaban: deportes, lectura, juegos al aire libre o tiempo con amigos presenciales.
- Cambios de humor destacados: irritabilidad intensa cuando se limita la pantalla, ansiedad por estar desconectado, aislamiento.
- Uso compulsivo: mienten sobre el tiempo de uso, esconden dispositivos o los usan a escondidas por la noche.
Estas señales no implican necesariamente una adicción, pero indican que es momento de revisar hábitos y pedir apoyo si no se logran cambios en familia.
Riesgos para la salud física y mental
El impacto del exceso de pantallas puede aparecer en varios planos de la salud infantil:
- Salud física:
- Problemas de postura, dolor de espalda y cuello por pasar horas sentado o encorvado sobre el móvil o la tableta.
- Sedentarismo y sobrepeso debido a la falta de movimiento y al picoteo frecuente frente a la pantalla.
- Molestias visuales como fatiga ocular, ojos secos o dolor de cabeza.
- Salud emocional y conductual:
- Mayor ansiedad o irritabilidad, especialmente por la presión social en redes.
- Comparaciones constantes con otros, que pueden favorecer baja autoestima.
- Mayor exposición a violencia u otros contenidos inadecuados, que pueden normalizar conductas de riesgo.
- Relaciones sociales:
- Menos tiempo de juego cara a cara y de conversación en familia.
- Riesgo de ciberacoso y de conflictos en redes que se trasladan al entorno escolar.
Un uso equilibrado, con tiempos limitados y supervisión adecuada, reduce estos riesgos y permite aprovechar los aspectos positivos de la tecnología.
Estrategias prácticas para poner límites en casa
Pasar de la teoría a la práctica suele ser lo más difícil. Algunos pasos concretos que pueden ayudar son:
- Crear un “plan familiar de pantallas”: decidir juntos horarios, tiempos máximos, qué contenidos están permitidos y qué ocurre si no se cumplen las normas.
- Dar ejemplo: los niños observan cómo usan el móvil los adultos. Evitar revisarlo constantemente en la mesa o mientras juegan con ellos.
- Definir zonas sin pantallas: el dormitorio, el baño o la mesa del comedor pueden ser espacios libres de dispositivos.
- Usar herramientas de control parental ajustadas a la edad, sin que sustituyan el diálogo.
- Avisar con tiempo cuando se va a terminar el uso de pantalla (por ejemplo, “en 10 minutos apagamos”), para que el niño pueda anticiparse.
- Ofrecer siempre una alternativa atractiva al terminar: jugar algo juntos, salir al parque, leer un cuento.
Es importante mantener las normas a lo largo del tiempo. Si cada día se hacen excepciones, al niño le resultará más difícil aceptar los límites.
Alternativas saludables al tiempo de pantallas
Para que los límites funcionen, los niños necesitan otras opciones igual de motivadoras. Algunas propuestas son:
- Juego al aire libre: ir al parque, montar en bicicleta, jugar a la pelota, carreras de relevos, juegos de agua en verano.
- Actividades creativas: dibujo, pintura, manualidades, construcciones, música, teatro casero.
- Lectura compartida: elegir libros adecuados a su edad, leer en voz alta, hacer “club de lectura” en familia.
- Juegos de mesa: cartas, rompecabezas, juegos de estrategia sencillos que fomenten la paciencia y la cooperación.
- Participar en tareas de casa: cocinar recetas fáciles, ordenar juguetes, regar plantas, cuidar una mascota.
En adolescentes se puede fomentar la participación en actividades deportivas, voluntariado, talleres de teatro, música o fotografía, y proyectos donde puedan aplicar la tecnología de forma creativa (edición de vídeo, diseño, programación) con supervisión y tiempo limitado.
Adaptar las recomendaciones a cada familia
Cada hogar tiene sus propias circunstancias y no todas las recomendaciones podrán seguirse al pie de la letra. Lo fundamental es tener criterios claros:
- Que el niño duerma lo suficiente y tenga buen descanso.
- Que realice actividad física diaria acorde a su edad.
- Que mantenga relaciones sociales cara a cara con familia y amigos.
- Que el uso de pantallas no interfiera de forma significativa en el rendimiento escolar.
- Que haya espacios de conversación sobre lo que hacen y sienten en el mundo digital.
Si se detectan dificultades para establecer límites, o el malestar del niño o adolescente persiste, puede ser de ayuda consultar con pediatría, psicología infantil o profesionales especializados en salud digital para elaborar un plan personalizado.
Acompañar a los hijos en su relación con las pantallas es un proceso continuo. Con información, límites claros y un entorno familiar que ofrezca alternativas saludables, la tecnología puede convertirse en una aliada y no en un obstáculo para su bienestar.
También te recomendamos: